D'giano se plantó solo en comodoro py y desafió al poder que lo procesó

El exdirector de Prestaciones Médicas de ANDIS cruzó la puerta de hierro de Comodoro Py con la misma corbata que usaba para firmar órdenes de compra. Diego D’Giano rompió el protocolo: en lugar de mandar al abogado, subió al segundo piso y se sentó frente a los jueces que pueden dejarlo sin libertad. Fue el primer imputado de la causa que eligió mirar a los camaristas a los ojos.

La apuesta personal que nadie se esperaba

En la Sala II de la Cámara Federal no sobran sillones. D’Giano ocupó el suyo sin libreta, solo la voz quebrada de quien sabe que cada palabra pesa. Su abogado, Juan José Sforza, dibujó un organigrama sobre el aire: la Dirección que comandaba su cliente, decía, era un simple filtro clínico, un pasillo sin salida al dinero. Afuera, en los pasillos, los otros 18 imputados enviaban escritos por mensajería. Dentro, él cargaba con el relato entero.

La fiscalía lo señala como el primer eslabón de una red que desvió millones en medicamentos de alto costo para discapacitados. Según la acusación, D’Giano recibía los pedidos, los “marcaba” y los empujaba hacia empresas amigas. En su celular aparece Miguel Ángel Calvete, el presunto cerebro de la banda, con quien intercambió reuniones y mensajes que la defensa aún no explicó.

Pero hay un detalle que el expediente calla: los chats, los tickets y las órdenes no muestran una sola firma de D’Giano autorizando pagos. Su nombre aparece como remitente de informes técnicos, nunca de transferencias. El problema es que, en la Argentina, la sospecha ya funciona como condena mediática.

El silencio que más duele

El silencio que más duele

Tras el allanamiento en agosto, la Agencia Nacional de Discapacidad quedó hueca. En los pasillos de ahora solo quedan cajas con sellos rotos y un olor a papel quemado. D’Giano, que entró de la mano de Daniel Garbellini, el número dos del organismo, quedó aislado. Garbellini no fue a la audiencia. Tampoco Diego Spagnuolo, el ex titular que hoy pelea por desechar los audios que lo comprometen.

La estrategia de Sforza apunta al vacío: “No hay una sola prueba de que mi cliente haya fijado precios, elegido proveedores o manejado caja”. La Cámara escuchó, tomó nota y se retiró sin fecha de fallo. Mientras tanto, los medicamentos para 30 mil discapacitados siguen sin llegar. La cuenta bancaria de ANDIS, congelada, devora días de tratamiento.

En el microcentro, los empleados de la ex agencia fuman en la puerta y miran el edificio como quien observa un accidente. “El problema no es D’Giano”, dice una empleada que prefiere no dar el nombre. “El problema es que acá adentro nadie sabe quién mandaba de verdad”.

La Sala II tiene hasta abril para decidir si manda a juicio a los 19. Si revoca el procesamiento de D’Giano, abrirá una grieta en la acusación. Si lo confirma, el médico que subió solo a declarar podría pasar los próximos diez años leyendo la causa desde un calabozo. La jugada, por ahora, la ganó el silencio: ni la defensa ni la fiscalía lograron que el tribunal abriera la boca.

Comodoro Py sigue siendo un edificio donde la verdad se compra en cuotas. D’Giano pagó la primera: dio la cara. Ahora la Justicia define si el resto del precio incluye su libertad.