Disparan 25 veces a un caimán en directo: el oscuro récord de dos streamers en florida
Veinticinco detonaciones rompen el silencio de los Everglades mientras Braden Peters y Andrew Mora rien ante la cámara. El reptil flota, inmóvil, entre lirios de agua. No hay caza autorizada, ni amenaza, solo la ansiedad de un auditorio hambriento de clics. La escena, emitida en directo desde un airboat, ha desatado la investigación de la Comisión de Conservación de Florida y una condena fulminante del vicegobernador Jay Collins: «Quien abuse de nuestra fauna pagará con todo el peso de la ley».
El momento en que el espectáculo se vuelve delito
El video, captado el pasado fin de semana, dura apenas dos minutos pero basta para infringir hasta tres artículos del reglamento estatal. Se ve a Peters —alias Clavicular— ajustarse el pelo y preguntar: «¿Está muerto? ¿Podemos dispararle?». El piloto responde: «Puedes hacer prácticamente lo que quieras». Entonces suena la ráfaga. 25 proyectiles contra un caimán cuyo estado previo nadie verifica. La ley de Florida es tajante: solo se permite abatir aligátores en temporada controlada y con licencia. Fuera de esas fechas, hostigar o herir al animal puede conllevar cinco años de cárcel y 5.000 dólares de multa por cada ejemplar.
El Departamento de Pesca y Vida Silvestre ya ha incautado el airboat y rastrea la procedencia del arma. Fuentes internas confirman que el caso se ha trasladado al fiscal de distrito de Broward, quien decide ahora si presenta cargos por maltrato animal agravado y uso ilegal de especie protegida. Mientras tanto, Peters sigue coleccionando suscriptores: más de 100.000 dólares al mes le entran por Kick, según sus propias declaraciones.

De la polémica al calabozo, pero por otra razón
Las redes estallaron antes que los agentes pudieran actuar. El hashtag #ClavicularCazador trepó a tendencia en cuestión de horas. Parte de su comunidad celebró la escena con el anglicismo «moggeó», convertido en grito de guerra para quienes confunden dominio con crueldad. La otra mitad exigió cárcel. El vicegobernador Collins no se anduvo con matices: «Los humedales no son un set de televisión».
Pocos días después, Peters fue arrestado en Fort Lauderdale, pero no por el caimán. La pelea en un parking con la streamer Jenny Popach le costó un cargo de agresión leve. La FWC aprovechó el arresto para interrogarlo, pero hasta ahora no ha formalizado imputaciones por el tiroteo. El reloj corre: la prescripción para delitos de vida silvestre en Florida es de tres años, y los fiscales saben que cada día que pasa se diluye la evidencia balística.

Cuando el algoritmo paga más que la ética
No es la primera vez que Peters se hace viral por las razones malas. En enero, ya protagonizó un escándalo cuando coreó una canción de Kanye West con estribillo antisemita en una fiesta de Miami Beach. La plataforma Kick lo suspendió 48 horas; luego volvió con más seguidores. «El shock vende», me dijo entonces un ejecutivo de una agencia de talento que representa a creadores de contenido extremo. «Y el caimán es solo la última carnada».
Florida alberga cerca de 1,3 millones de aligátores. La población crece al 7 % anual y el estado ha aumentado las licencias de caza, pero también los castigos. En 2022, un hombre de Naples cumplió doce meses de cárcel por grabar cómo atropellaba intencionadamente a un caimán con su camioneta. El juez dictó pena máxima precisamente para frenar la ola de vídeos que lucran con la tortura animal. A Peters le espera un destino similar si la fiscalía decide sentarle en el banquillo.
El Everglades, patrimonio mundial de la UNESCO, se convierte así en escenario de un experimento perverso: ¿hasta dónde llega un influencer dispuesto a sacrificar la fauna a cambio de visualizaciones? La respuesta, por ahora, se mide en 25 balas y millones de reproducciones. Florida observa, indignada, mientras la ley decide si un clic vale más que un caimán. Y la plataforma que paga cada vez que alguien se queda mirando también observa, en silencio, calculando su comisión.