Dos presos de máxima seguridad se cuelan en la sala de máquinas de brians 2 y el sistema de alarma ni se inmuta

La fuga se frenó a tres pasos de la celda. Dos internos del Departamento Especial de Régimen Cerrado (DERT) perforaron el plafón de su módulo en Brians 2, se enfundaron palos afilados y una barra de hierro y treparon hasta la planta técnica. Allí se quedaron sin salida. Nadie les abrió una puerta, nadie les lanzó una cuerda. Pero tampoco sonó ninguna sirena. Los vigilantes los hallaron por casualidad, en una ronda de rutina que pudo costar una reja rota y dos criminales camino del monte.

El agujero que nadie vio

Fuentes del centro cuentan que la maniobra llevó varias noches. Los presos aflojaron tornillos, desplazaron la lámina de yeso y esculpieron un boquete lo bastante ancho para colarse uno detrás del otro. El DERT alberga a los peores: delitos de violencia, bandas organizadas, casos que los juzgados consideran intocables. Brians 2 se construyó en 2007 para albergarlos sin concesiones, pero la tecnología que debía vigilarlos lleva meses en silencio.

CSIF lo advirtió por escrito en enero: «Los detectores de movimiento y los pulsadores de emergencia no responden». La respuesta oficial fue un parte de «reparaciones programadas». Esta madrugada se confirmó la alerta: los sensores duermen mientras los reyes del hampa despiertan.

Una planta técnica convertida en callejón sin salida

Una planta técnica convertida en callejón sin salida

La zona a la que accedieron es un laberinto de tuberías y conductos que da al patio de servicio, pero carece de puerta exterior. Los internos lo sabían o lo imaginaron. El plan, según la investigación interna, era atrincherarse y negociar. No lo lograron. Cuando los funcionarios irrumpieron, los hombres blandían las barras como si fueran a atravesar una pared que no existe. Tras la reducción, volvieron al DERT esposados y descalzos. El departamento de Justicia ya prepara su traslado: uno a Puerto III, otro a Topas. Separarlos es la regla cuando falla la seguridad.

La Conselleria presume de «actuación inmediata» y de «protocolo bien ejecutado». En los pasillos de Brians 2 se respira alivio mezclado con indignación: alguien tiene que explicar por qué los chips de alarma están apagados desde hace trimestres y por qué un yeso viejo pudo convertirse en la autopista de la evasión.

El sindicato pide cámaras y personal, la generalitat promete «auditoría»

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CSIF exige 30 nuevos agentes para el DERT y la instalación de detectores de vibración que ya funcionan en otros países europeos. El coste ronda los 800 000 euros, menos de lo que cuesta mantener un año a ambos internos en aislamiento. La consellera Gemma Ubasart ha anunciado una «auditoría externa» que se prolongará hasta julio. Mientras tanto, los agujeros siguen ahí, a la espera de la próxima noche sin luna.

En Brians 2 hay 212 reclusos clasificados como «gravedad extrema». Esta madrugada, dos de ellos probaron suerte. La próxima vez podrían ser tres. Y la alarma, si sigue muda, seguirá siendo un trozo de plástico colgado del techo.