Argentina se juega el invierno con 20 barcos de gas que valen el doble y nadie sabe quién los pagará
El martes 22 de julio, cuando los termómetros bajen a 2 °C en Buenos Aires, la Argentina encenderá 1,3 millones de cocinas con gas que aún no compró. Lo que sí está confirmado es el precio: entre 18 y 23 dólares el millón de BTU, el doble que en 2024. El faltante serán 20 barcos metaneros que deberán atracar en la Terminal de Escobar antes de junio. El problema: nadie firmó el cheque.
La guerra de Medio Oriente apretó el gatillo. Catar paró dos plantas, los ataques en el Estrecho de Ormuz encarecieron el flete y el índice TTF europeo se dispara al mismo ritmo que el termómetro. Mientras tanto, en Houston, Horacio Marín, presidente de YPF, celebraba que había conseguido "más de dos veces el financiamiento necesario" para exportar gas licuado de Vaca Muerta a partir de 2027. La ironía: antes de venderle GNL a Europa, la Argentina deberá comprarle GNL a Europa. Y pagar un costo que, según la consultora Montamat & Asociados, oscilará entre 600 y 1.200 millones de dólares.
El invierno que se filtra por la rendija de un decreto
La resolución 33/2026, firmada por la secretaria María Tettamanti, sacó a Enarsa del medio y le puso el manto de la importación al sector privado. La jugada buscó ahorrar los 3.000 millones de subsidios que Enarsa recibió en 2023. El resultado: el riesgo cambiario y de precio quedó flotando como un iceberg frente a la costa de Escobar. El texto oficial advierte que el gas residencial tiene "prioridad absoluta", lo que en la jerga de despacho significa que, si faltan barcos, la industria será la primera en quedar sin llama.
Alejandro Einstoss, economista de UBA-Conicet, resume el plan del Gobierno: "Puede jugarse a esperar que baje el precio y, si no lo hace, cortarle el gas a la industria. Es el eslabón débil de la cadena." La industria ya recibió las primeras notas de las distribuidoras: consíganse su propio GNL o armen planes de corte. El mensaje es claro: el Estado no comprará una molécula extra.

El gas que sobra y el gas que falta
La Argentina ostenta la segunda reserva mundial de gas no convencional, detrás de Estados Unidos. Vaca Muerta produce hoy 50 MMm3/día, suficiente para abastecer el 60 % del consumo anual. Pero el invierno duplica la demanda y el gasoducto Néstor Kirchner aún no trae una pipa extra. La única obra concreta en vista es la ampliación de TGS: tres plantas compresoras que sumarían 14 MMm3/día, pero recién estarían listas para 2027. Este año no salvan ni una helada.
Mientras tanto, los barcos siguen siendo la válvula de escape. En 2021 llegaron 56; en 2024, apenas 27. La cuenta en dólares cayó de 2.900 millones a 700 millones, pero el alivio fue coyuntural. Para 2026, la estimación oficial habla de 20 barcos, equivalentes al 5 % del consumo invernal. El problema es que ese 5 % se paga como si fuera oro: 18-20 dólares el millón de BTU contra 4 dólares que vale el gas local. Multiplicado por 1.375 MMm3, el agujero fiscal huele a naftalina.

El negocio que empieza en dos años y el que se cae en dos meses
YPF, ENI y XRG prometen 12 millones de toneladas anuales de GNL exportable desde 2029. Pan American Energy, YPF, Pampa, Harbour y Golar suman otros dos millones para la alemana SEFE. El horizonte pinta de azul y oro: 45.000 millones de dólares anuales de exportaciones, según Marín. Pero el futuro no calienta hoy. El país necesita 20 barcos antes de que empiece el Mundial de fútbol de 2026 y el mercado spot está más tieso que el alambre de púas.
Los futuros del TTF ya se negocian a 23 dólares para el segundo trimestre. J.P. Morgan prevé 9 dólares; Goldman Sachs, 22,6. La brecha es un río de incertidumbre donde se ahogará cualquier plan tarifario. Mientras los barcos no lleguen, la economía juega la ruleta rusa con los 132 MMm3/día que consumirá el pico de julio. La última vez que la Argentina la jugó así, en 2022, el resultado fue un défudo de 2.900 millones y un cristalazo de tarifas que aún cruje.
La ironía final: mientras el país sueña con venderle GNL al mundo, le debe al mundo 600 millones solo para no congelarse. El gas que sobra en la cuenca neuquina se queda sin tubo; el gas que falta en Buenos Aires se compra a precio de joya. La fórmula mágica, repiten los técnicos, es "reducir al mínimo la intervención del Estado". Traducido: si el mercado falla, que corte la industria. Y si la industria corta, que corte empleo. El verano pasado se firmaron acuerdos por 45.000 millones de exportaciones. Este invierno se rifa el encendido de la economía por 600 millones que nadie quiere pagar. Esa es la ecuación que define el clima político más que el meteorológico.