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Caputo apura la maquinosa recaudación en dólares antes del tsunami de julio

El Banco Central acumula apenas 188 millones de dólares en la cuenta del Tesoro y el ministro Luis Caputo necesita juntar 4.200 millones antes de julio. Su plan: vender promesas de pago a futuro, aunque eso signifique pagar 8,5 % anual por un bono que vence cuando ya no esté.

La última rifa del mes

El viernes pasado, Finanzas adjudicó 300 millones entre dos bonos, el AO27 y el AO28. Otro lunes, sumó 131 millones más. El martes 31, cuando se liquide la operación, los depósitos del Tesoro saltarán de 188 millones a 619 millones. La cifra habla por sí sola: aún así, sólo cubre el 14 % del vencimiento que se viene.

El AO27, que expira dentro del mandato de Milei, seduce al mercado: colocó 97 millones con tasa de 5,12 %. El AO28, que vence después, necesitó ofrecer 8,86 % para captar apenas 34 millones. La diferencia de riesgo país: 117 puntos contra 460. La lógica es brutal: cuanto más lejos el horizonte político, más caro cobra el inversor.

Desde que arrancaron las licitaciones, el Gobierno emitió 931 millones en estos títulos. Parte ya se fugó en pagos a organismos internacionales; de ahí la sangría de la cuenta en el Central. Ahora prometen llegar a 2.000 millones por serie, pero les restan al menos cinco subastas del AO27 y siete del AO28. El ritmo debe ser perfecto, y la plaza ya mostró su techo.

El mecanismo que nadie despliega

El mecanismo que nadie despliega

Caputo asegura tener «un mecanismo» para el resto. No será un préstamo de bancos internacionales como el de enero, repiten en Economía. Tampoco quieren nombrarlo. Las fuentes consultadas por El Ágora hablan de un canje con bancos locales y de activos del Estado que ya están en la mesa de negociación. El anuncio, dicen, llegará en las próximas semanas. El reloj, sin embargo, no negocia: faltan 88 días para el primer pago fuerte.

Mientras tanto, el Tesoro sigue jugando su partida de póker con las cartas descubiertas: cada colocación es un mensaje al FMI –mirá que podemos pagar solos– y un guiño al riesgo país, que baja apenas cuando el mercado ve dólares frescos. Pero la cuenta del Central, convertida a $1.370 por dólar, no miente: apenas queda oxígeno.

La jugada final no está en el monto que se sume el 31 de marzo, sino en la confianza que Caputo pueda seguir vendiendo promesas sin que el mercado le estampe la puerta en la nariz. El próximo test será la licitación del 7 de abril. Si la demanda se enfrió, el «riesgo kuka» que él mismo exhibió volverá a cotizar a precio de default. Y entonces, la ayuda externa dejará de ser una opción para convertirse en la única salida del atolladero.