El bcra compra dólares, baja la tasa y el carry trade empieza a sangrar
El dólar saltó de $1.390 a $1.420 en 48 horas y el carry trade argentino, ese juguete favorito de los fondos de buitres, dejó de ser gratis. El Banco Central metió ayer 208 millones de verdes en sus arcas —la segunda intervención más grande del año— y, de paso, le dio una patada al tipo de cambio que llevaba semanas comiendo piso.
La trampa que se cierra
Mientras el BCRA absorbía esos dólares, los bancos le pagaban al ahorrista un 21 % anual por encerrarle los pesos. La inflación proyectada para 2026 ronda el 45 %. Hacer plazo fijo hoy es regalarle al sistema financiero un 24 % de poder de compra. La cuenta es tan brutal que hasta los cajeros automáticos parecen sonreír.
Febrero terminó con 2.368 millones de dólares comprados por la gente común, un récord que no se veía desde que existen los “cepos” digitales. Los argentinos, lejos de confiar en la desinflación que promete Javier Milei, prefieren dormir con billetes verdes debajo del colchón. El sistema bancario se llena de depósitos en dólares, sí, pero eso no es estabilidad: es desconfianza bautizada como liquidez.
Gustavo Araujo, head of research de Criteria, lo resume sin anestesia: “Más pesos en la calle y tasas reales negativas siempre terminan en más demanda de cobertura”. La frase suena a chiste de economista, pero tiene olor a nafta: si el peso se deprecia, el que apostó al carry trade pierde en dos frentes —menos interés y tipo de cambio más alto— y el que compró dólar barato gana doble.

La soja no alcanza para tapar el agujero
La cosecha gruesa se acerca y con ella llegarán unos 20.000 millones de dólares frescos. Pero la historia ya la conocemos: cada vez que el campo liquidó, el Gobierno encontró una válvula para que se vayan por el tubo. Este año la válvula se llama “dolarización de las familias”. Con 5.000 millones atesorados en enero y febrero, el público ya le ganó la pulseada a las empresas que aún esperan que les levanten el cepo para importar insumos.
El peso argentino, contra todo pronóstico, se apreció 10 % en términos reales desde diciembre. Suena a victoria, hasta que uno mira al costado: el real brasileño se devaluó, el peso mexicano se desplomó y el turco está en pié de guerra. Argentina gana la carrera hacia el abismo, pero al final del túnel todos caen juntos.
El carry trade, ese casino de alta frecuencia que durante años financió el déficit con especulación, ahora pide el ticket de salida. El dólar ya no es barato, la tasa ya no es negocio y el ahorrista, por primera vez en mucho tiempo, mira la city con la misma desconfianza que mira a la política. La próxima jugada del BCRA —más intervención o más devaluación— definirá si la fiesta termina con resaca o con incendio.