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El gasoil se escapó: en dos meses llenar la camioneta cuesta 42 lucas más

El surtidor miente. El cartelito azul del gasoil premium ya no es el «hermano barato» de la nafta: le ganó por 60 centavos al litro y, en la práctica, le saca 42 mil pesos de diferencia al bolsillo de quien carga 80 litros. Enero: 145 mil. Marzo: 187 mil. La cuenta es simple y despiadada: 28,9 % de aumento en 60 días, la suba más feroz del parque combustible.

La trampa del grado 2

Mientras tanto, el diésel común –ese que los viejos taxistas llaman «gasoil negro»– pasó de 1.600 a 2.025 pesos el litro. El 26,5 % parece menor, pero es un espejismo: los motores common rail lo rechazan. Meterlo en una Toyota Hilux 2024 es firmar el acta de defunción del turbo. El ahorro de $2.400 por tanque no alcanza ni para cubrir el desarme del inyector.

La nafta, en cambio, se quedó atrás. La Súper subió 25,5 % y la premium apenas 21,4 %. Ese freno no es bondad de las petroleras: es la demora que metió el Gobierno para no estirar la brecha con el paralelo. Pero el alivio es relativo: llenar un Fiat Cronos cuesta hoy 19 mil pesos más que en Año Nuevo. El salario, claro, no corrió la misma carrera.

El mercado que ya eligió por vos

El mercado que ya eligió por vos

Argentina se partió en dos sin consultarle al consumidor. Las pick-up medias –Ranger, Hilux, Amarok– se volvieron diésel por decreto de la oferta. Las SUV urbanas –Cronos, 208, Captur– se volvieron nafteras por default. La opción de elegir motor desapareció del configurador. Solo quedan excepciones que confirman la regla: la RAM Rampage ofrece ambas motorizaciones con tracción 4x4, pero la naftera sale 6 millones más cara. La lógica es perversa: pagás más por el motor que consume el combustible más barato.

En el segmento de los SUV 4x4 la historia se invierte. La Ford Everest naftera cuesta 93 millones; la Toyota SW4 diésel, 91,5. Uno carga 55 litros de nafta, el otro 60 de gasoil. Hacer los números da vértigo: completar el tanque de la Everest sale 119 mil; el de la SW4, 133 mil. Pero la Toyota rinde 14 km/l y la Ford 9. A los 20 mil kilómetros la cuenta se equilibra y después la naftera castiga.

El final del camino

El final del camino

No hay paradoja que valga: el argentino que necesita una camioneta para trabajar ya no elige, acepta. Acepta que el gasoil premium se le escapó 42 mil pesos en dos meses. Acepta que el grado 2 es un veneno de 2.025 pesos. Acepta que el próximo aumento ya está pautado y que el sueldo llega después. Mientras tanto, el surtidor sigue mintiendo. Y el tanque, cada vez más seguido, se queda a medio llenar.