Exmilitares fulminan el plan de perforar el mar del norte: 'no da seguridad a reino unido'
El 'sueño' de sacar los últimos barriles del Mar del Norte se ha estrellado contra un muro de uniformes retirados. Exalmirantes y generales acaban de decirle al Gobierno de Londres que perforar más pozos no blindará al país de los vaivenes del gas ni bajará la factura de los hogares. La advertencia llega justo cuando la líder conservadora, Kemi Badenoch, ha alzado el cartel de 'Get Britain drilling' en Aberdeen, prometiendo licencias para salvar la Economía.
La trinchera invisible del petróleo
El contragolpe lo lidera el contralmirante Neil Morisetti, exjefe de la flota británica y ahora profesor de seguridad climática en University College London. 'El precio lo marcarán los mercados internacionales, no el número de plataformas', sentencia. Su cálculo es demoledor: desde 2010 el Partido Conservador otorgó cientos de nuevas licencias y solo han conseguido gas para 36 días de consumo. 'Vapor electoral', lo califica la directora de la ONG Uplift, Tessa Khan.
Detrás del debate late un mapa de puntos rojos: el estrecho de Ormuz, el canal de Suez, los oleoductos ucranianos. Un informe del think tank E3G que maneja el Gobierno habla de 'cuellos de botella estructurales': si un seguro se retira o un buque se desvía, el gas deja de llegar. La única vía para romper la dependencia, según la investigadora Maria Pastukhova, es electrificar y poner placas y aerogeneradores bajo bandera propia.

El ejemplo español que inquieta a los tories
El general de división Richard Nugee, 36 años de servicio en zonas de conflicto, saca a relucir el caso español. 'Madrid fija buena parte de su precio de la luz con renovables; por eso resiste mejor los chantajes del Estrecho y de Trump'. La frase duele en Londres, donde la factura energética se ha disparado un 83 % desde la invasión de Ucrania.
El Mar del Norte, cuenco 'maduro' cuya producción ha caído un 75 % desde su pico de 1999, se convierte así en una caja vacía que solo alimenta el discurso de urgencia. 'Perforar más es largo, caro y finito; apostar por lo verde es soberano', resume Nugee.
El Gobierno de Keir Starmer mantiene la tregua: licencias congeladas, pero sin cerrar el grifo a los pozos ya aprobados. La industria pide oxígeno, los militares piden plan B y los analistas de riesgo avisan de que la guerra en Irán ha duplicado los ciberataques a la red eléctrica europea. El tiempo, advierte Morisetti, 'no negocia'.