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Mundial: la fifa deja a selecciones más pequeñas al borde del colapso fiscal

La justa al balón, ese sueño que persiguen miles de futbolistas, se ha convertido en una pesadilla fiscal para las selecciones más modestas que lograron clasificarse para el Mundial de Catar. Un fallo de la FIFA al no lograr una exención fiscal general con Estados Unidos está a punto de ahogar económicamente a equipos que, paradójicamente, representan un triunfo para el fútbol global.

Un impuesto que golpea donde más duele: a los federados

Un impuesto que golpea donde más duele: a los federados

Mientras potencias europeas como Inglaterra y Francia se benefician de acuerdos bilaterales de doble imposición con EE.UU., naciones debutantes en el torneo, como Curazao o Cabo Verde, se enfrentan a facturas multimillonarias que podrían desestabilizar sus federaciones. La ironía es palpable: la FIFA, una organización sin ánimo de lucro, permite que la burocracia fiscal estadounidense penalice a los países con menos recursos, socavando el desarrollo del fútbol en ellos.

La cifra habla por sí sola: de los 48 equipos clasificados, solo 18 han firmado un Convenio para Evitar la Doble Imposición (DTA) con Estados Unidos. La mayoría provienen de Europa, lo que evidencia una clara disparidad en el acceso a beneficios fiscales. Los países más pequeños, aquellos que han luchado para llegar a la cita mundialista, se ven ahora obligados a afrontar una carga financiera que podría comprometer su futuro.

Oriana Morrison, consultora fiscal que ha asesorado a federaciones como la portuguesa y la brasileña (que, curiosamente, tampoco se beneficiará del DTA), advierte sobre la magnitud del problema: “Las federaciones de países más avanzados, con tratados fiscales, tendrán costes mucho menores que aquellas de Curazao o Haití. Es una injusticia que el dinero que podría haberse invertido en el desarrollo del fútbol local termine en las arcas estadounidenses.”

La expansión del Mundial a 48 equipos ha agravado la situación. El presupuesto fijo de 1,5 millones de dólares por equipo ha obligado a reducir el subsidio diario para gastos de manutención de 850 a 600 dólares, a pesar del aumento de los costes de viaje y alojamiento en Estados Unidos. La FIFA, que en Catar sí logró exenciones fiscales para todas las 32 selecciones participantes, parece haber cometido un error de cálculo al no replicar esa medida en esta edición.

La paradoja es que, mientras Carlo Ancelotti, el técnico de Brasil, tendrá que pagar impuestos tanto en su país de origen como en Estados Unidos, Thomas Tuchel, el entrenador de Inglaterra, solo tributará en el Reino Unido. Y aunque es probable que la Confederación Brasileña de Fútbol cubra la factura adicional de Ancelotti, la situación es mucho más precaria para las federaciones más pequeñas. El tipo impositivo federal estadounidense para las empresas es del 21%, y para los deportistas de alto nivel, como futbolistas y entrenadores, alcanza el 37%.

La diferencia es abismal. La FIFA, en su afán por maximizar los ingresos, parece haber olvidado que el fútbol es mucho más que dinero. Esta situación pone de manifiesto una desconexión preocupante entre la élite del fútbol y las realidades de los países en desarrollo. El Mundial, que debería ser un símbolo de unidad y celebración, se ha convertido, para algunos, en una fuente de angustia fiscal.

Con la complejidad añadida de que Canadá y México sí han concedido exenciones fiscales, y los niveles de imposición estatales varían drásticamente, desde la ausencia total de impuestos en Florida hasta el 13,3% en California, el panorama se torna aún más confuso. La FIFA se ha limitado a declinar hacer comentarios, pero fuentes internas aseguran que están trabajando para ofrecer ayuda a las federaciones afectadas.

Pero la realidad es clara: el Mundial de Estados Unidos está a punto de dejar una profunda cicatriz económica en las selecciones más pequeñas. La FIFA debe actuar con urgencia para rectificar esta injusticia y garantizar que el fútbol, en todas sus formas, pueda prosperar.