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Anijovich desentraña la trampa de la ia en las aulas: evaluar ya no es atrapar, es acompañar

Rebeca Anijovich lo dice sin anestesia: la inteligencia artificial entró a las aulas para quedarse y la única manera de no perder la dignidad del examen es enseñar a mirar dentro de la «caja negra» antes de firmar la nota. La investigadora argentina, cuyos libros se traducen en cuatro países, acaba de tirar el guante al sistema educativo entero en el podcast Ticmas: «La discusión no es si usaron o no usaron IA; esa batalla ya la perdimos».

El error ya no es sinónimo de castigo

El 99,9 % de los adultos recuerda la evaluación como una cicatriz. Anijovich destila su propia infancia de escuela pública bonaerense para recordar que la tarea del docente nunca fue detectar trampas, sino desentrañar procesos. Ahora, el chat que escribe la tesis en cinco minutos obliga a rediseñar la pregunta: «No me interesa quién tocó el teclado, quiero que el alumno defienda su texto frente a mí con la misma sangre que si hubiera escrito cada coma».

El truco, dice, está en desmontar la «caja negra». Pedirle a los alumnos que expliquen el camino, que muestren las rutas, que exhiban el mapa de navegación. «Si no saben cómo llegaron, el trabajo no es suyo; es un GPS intelectual que les habló en la oreja».

La homogeneidad mata la creatividad

La homogeneidad mata la creatividad

Anijovich se prende fuego cuando se menciona la consigna «saquen una hoja». «Evaluar bien ya no es aprobar al que mejor repite al profesor. Eso se murió con el floppy disk». La frontera hoy es la heterogeneidad: un médico que no sabe leer radiografías con IA será un médico obsoleto; un ingeniero que no entrena al algoritmo será reemplazado por él. «El aula debe parecerse más a un laboratorio de start-up que a una fila de bancos», sentencia.

Por eso, junto a su co-equipier de la Universidad de Buenos Aires, adoptó la regla de devolver todos los trabajos prácticos sin asistencia de IA. «Lo hacemos para recordarnos que la máquina no tiene olor a pizarrón ni sudor de examen. Todavía».

El miedo heredado pesa más que la pauta oficial

El miedo heredado pesa más que la pauta oficial

La especialista en formación docente advierte que los programas de profesorado enseñan a evaluar «teóricamente pero no en carne». «Les explican rúbricas, pero cuando el docente debuta en el aula le piden calificar con números y se derrumba». Su diagnóstico: «La evaluación se trabaja poco y se practica menos».

El resultado es una cultura del susto. Padres que celebran el diez como trofeo y castigan el cinco como vergüenza. Alumnos que inventan enfermedades para no ir a la escuela. «Cuando evaluar duele la panza, algo falló antes de la pregunta», ironiza.

La ia como espejo y no como espejismo

Anijovich cierra el episodio dejando una orden: «Pedile a la IA que te ayude, pero validá lo que te devuelve como si fuera un paciente en la mesa de operaciones». El docente, dice, debe convertirse en «intérprete de la caja negra», en traductor de sesgos, en detective de intereses comerciales.

«La mano, la cabeza y el cuerpo del docente siguen siendo imprescindibles. En algún tiempo más, no sé. Pero hoy, sin eso, la sala está vacía aunque el algoritmo hable».

La investigadora no cree en finales felices. Cree en finales responsables. «La evaluación del futuro ya llegó: es transparente, ética y duele menos. Si todavía duele, es que seguimos aplicando el examen del pasado».