Berlin agita la receta que tocará a 75 millones de bolsillos
La ministra de Sanidad alemana, Nina Warken, tiene 66 cartas sobre la mesa y un reloj que se le está acabando. Cada carta es un recorte que afectará a enfermos, médicos, farmacéuticos y, sobre todo, a los 75 millones de asegurados que financian el sistema con su nómina. La propuesta que ayer filtró su comisión de expertos no es un ajuste: es la tijera más grande en décadas.
El documento, adelantado por BILD, reparte el dolor a partes iguales: 45 % de ahorro vendrá de subir ingresos –que el Estado pague de una vez la cuota de quien cobra subsidio– y otro 45 % de bajar gastos –menos dinero a hospitales, menos margen a farmacias, menos visitas “gratis” a especialistas–. El 10 % restante lo pagará el paciente: cada vez que abra la caja de pastillas encontrará un euro más.
La factura que naden en política quiere firmar
El truco contable más gordo –12 000 millones de euros que el Estado asumiría por los perceptores de Bürgergeld– ya enfrenta a la coalición. La socialdemócrata Bärbel Bas lo considera “una traslación encubierta de impuestos” y avisa: si el Ejecutivo lo aprueba, habrá bronca en el Bundestag. El CDU de Warken responde que “es solidaridad, no regalo”. Entre ambos, la ministra se juega el puesto antes del verano.
Los médicos, los primeros en la diana, no se lo van a perdonar. Andreas Gassen, jefe de los médicos de cabecera, lanza la amenaza que todo paciente teme: “Si nos tocan la cartera, muchos colegas subirán la barrera: menos horas, más listas de espera y consulta solo para privados”. Traducción: quien no pague extra, que espere.

El paciente de a pie: más copago, menos certeza
Para la Stiftung Patientenschutz la propuesta “huele a naftalina”. Su portavoz, Eugen Brysch, resume la jugada: “Copagos disfrazados de racionalización”. La medida estrella –obligar a segunda opinión antes de operar– suena a mejora de calidad, pero en la práctica supone un nuevo trámite y, posiblemente, una nueva factura por leer un informe.
Los hospitales ya cuentan los euros que les faltarán: congelación de precios y recorte de camas. El Instituto Fresenius calcula que la brecha entre lo que cuidar y lo que pagan se ampliará 5 500 millones anuales. El ajuste, dicen, será tan “elegante” que el paciente notará la diferencia en forma de lista de espera más larga y plantillas más delgadas.
La pregunta que corre en los pasillos de berlín no es si habrá recortes, sino quién firmará la orden. Warken tiene hasta septiembre para convertir 66 ideas en ley. Después llegarán los recursos, las huelgas y, muy probablemente, un nuevo impuesto que nadie llamará impuesto. Mientras tanto, la factura sigue creciendo y el reloj, sin piedad, sigue corriendo.