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Cazados: la policía desvela la red que paralizó 130 empresas alemanas

La sombra que oscureció los teatros de Stuttgart hace siete años tiene, por fin, nombre y rostro. Dos cerebros detrás del ciberataque que secuestró la agenda cultural de los Württembergischen Staatstheater vuelven a ser los buscados: la Fiscalía de Karlsruhe ha activado una orden internacional de captura y la trama supera el millón y medio de euros en rescates pagados.

El dúo que programó el caos

Uno ideó el código maligno, el otro reclutó la tropa. Según la investigación conjunta del Centro de Ciberdelincuencia y el LKA de Baden-Württemberg, el primer objetivo fue tejer una red de 130 compañías alemanas entre 2019 y 2021. El modus operandi: cifrar los servidores, exhibir un contador regresivo y apretar con la amenaza de filtrar datos en foros del darknet. Funcionó en 25 ocasiones; el botín, 1,8 millones en bitcoins. Aunque el daño real dispara la factura hasta 35 millones de euros en pérdidas productivas y reconstrucción de sistemas.

El caso más sangrante: una única firma de la región de Stuttgart cuantifica en nueve millones lo que le costó recuperar la normalidad. Cifras que explican por qué la operación se mantiene bajo secreto de sumario desde el primer cierre de telón en los teatros estatales.

De gandcrab a la celda: la caída en cadena

De gandcrab a la celda: la caída en cadena

La pieza que faltó para desentrañar la trama llegó en enero. Un operador clave de GandCrab —la banda que popularizó el ransomware como servicio— fue condenado a siete años de prisión por el Tribunal Regional de Stuttgart. El veredicto le atribuye el sabotaje de 22 redes, entre hospitales, clínicas y, cómo no, el coliseo cultural de la capital del estado. Su testimonio, junto a rastreos de criptomonedas y análisis de metadatos, abrió la puerta a los nuevos arrestos.

Ahora la policía cruza fronteras virtuales: coteja IPs, revisa pasaportes y filtra foros clandestinos. La jugada definitiva será geo-localizar a los dos forajidos antes de que migren a la siguiente jurisdicción sin tratado de extradición. El mensaje es claro: el espectáculo del miedo ha terminado, pero la función de cazarrecompensas recién empieza.