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Un lobo cruza ikea, muerde a una mujer y desata la cacería en pleno hamburgo

Un lobo joven se coló anoche en la pasarela comercial de Ikea en Altona y le arrancó la cara a una mujer. Ocurrió a las siete, cuando la ciudad aún hervía de compradores. El animal, hambriento y descolocado, corrió entre los escaparates hasta que ella quiso guiarlo fuera. El bocado fue limpio: labio superior partido, pómulo expuesto, sangre sobre el linóleo. La ambulancia la llevó al Universitätsklinikum Hamburg-Eppendorf; el lobo salió pitando hacia St. Pauli.

El centro de hamburgo se convierte en una manada de ciudadanos con móviles en la mano

El centro de hamburgo se convierte en una manada de ciudadanos con móviles en la mano

El rastro fue de WhatsApp en WhatsApp: «Está en el Spielbudenplatz», «Ahora se zambulle en la Alster». Vecinos grababan desde los balcones mientras la policía cerraba puentes. Un cazador municipal apareció con un lazo de acero, el mismo que usan para jabalíes en Brandeburgo. En el muelle del Jungfernstieg, el lobo saltó al agua, se debatió contra la corriente fría y acabó tan agotado que permitió que lo izaran sin anestesia. La caja de transporte se cerró con un clic que sonó a final de partida.

El ejemplar, de menos de dos años y 35 kilos, duena ahora en las jaulas de Klövensteen, un parque de venados al oeste de la ciudad. Allí los guardias le han puesto nombre propio —lo llaman «Ike»— mientras veterinarios y forenses discuten si sus dientes guardan restos de piel humana. Será mañana cuando la autoridad de conservación decida si lo reintroducen en la naturaleza, lo envían a un santuario o, simplemente, lo sacrifican. La ley de Schleswig-Holstein permite las tres opciones; la opinión pública, ninguna.

Norman Stier, de la Universidad Técnica de Dresde, certifica el hecho sin énfasis: «Primera agresión documentada en Alemania desde que los lobos regresaron hace veinte años». El dato suena a epitafio. El BUND recuerda que entre 2000 y 2023 los lobos han matado aquí cero personas y más de 15.000 ovejas; la proporción no calma a los tuiteros que piden «fusilar al bicho». En los grupos de Facebook ya circula la foto de la herida: 27 puntos de sutura, 4.200 compartidos, 1.300 comentarios pidiendo guerra.

El alcalde Peter Tschentscher sale al paso con la frase de rigor: «El lobo no es un problema, es un síntoma». Traducción: la ciudad ha crecido tanto que los bosques de Hamburgo ya terminan en el vestíbulo de un centro comercial. Mientras tanto, la mujer mordida permanece estable y no ha querido declarar; su marido solo ha dicho que «le gustan los animales». En la pasarela de Ikea hoy huele a lejía y a algo más raro: la certeza de que la frontera entre civismo y selva es más delgada que un tubo de pasta de dientes.