Undav reta a nagelsmann: el gol que enciende la guerra por la delantera alemana
El Stuttgart vibraba con un cántico que retumbó en la garganta de 50.000 espectadores: «¡Undav, Undav!». Era la 38' y el ariete alemán calentaba desde la banda. Apenas diez minutos después de pisar el césped, su testa fulminante blindó el 2-1 contra Ghana. El MHP Arena estalló. Pero Julian Nagelsmann permaneció impasible. Su análisis postpartido fue una ducha de agua helada: «Hasta el gol, apenas tocó un balón». El mensaje estaba claro: el tanto no altera el guion que tiene escrito para la Eurocopa.
El número 3 que muerde
En la pizarra del seleccionador, Undav ocupa la casilla «revulsivo». Detrás de Havertz y Woltemade, lejos incluso de la posición de Musiala-Gnabry. La jerarquía, repite Nagelsmann, se fijó en marzo y no se renegocia por un remate certero. La frontera es táctica: Undav brilla cuando la defensa rival pierne oxígeno, no cuando debe presionar desde el primer minuto. «Con 70 minutos en las piernas, quizá no estuviera donde cayó el balón», argumentó el técnico para justificar su plan.
El punta no se conforma. «Cada gol debería cambiar mi rol», soltó ante las cámaras, consciente de que su récord —nueve tantes en los últimos diez partidos con el VfB— pesa más que las teorías de juego. La afición de su club le idolatra; la prensa le coloca en el once ideal de la Bundesliga. Pero en Herzogenaurach, sede de la concentración germana, sigue siendo el «plan C».

¿Un mundial en la mochila?
El dilema no es baladí. Llevar a Undav implica asumir un seguro de goles a cambio de romper el esquema defensivo que Nagelsmann ensaya desde octubre. Dejarlo en casa sería desoír al máximo goleador nacional en activo y regalar un titular explosivo a los medios. El propio seleccionador lo sabe: «Con cada tanto, aumenta la presión». Pero también recuerda que alemania necesita «frescura para los últimos 20 minutos» y que la historia reciente —la temprana eliminación en Catar— aconseja no experimentar.
El próximo amistoso contra Ucrania se convertirá en un nuevo interrogatorio. Undav volverá a saltar desde el banquillo, Nagelsmann escrutará cada desmarque y el país contará los goles que, paradójicamente, encogen el margen de maniobra del técnico. Porque en el fútbal moderno, marcar ya no basta: hay que encajar en el PowerPoint del entrenador. Y Undav, de momento, sólo figura en la diapositiva titulada «remontadas».