El agua se acaba y ecuador enciende su último cartucho: el ejército en la presa

El embalse Mazar bajó 6,8 metros en siete días y el río Paude circula a un 12% de su caudal normal. Mientras, el gobierno niega el racionamiento que ya vivimos en octubre y envía militares a proteger la llave que regula el 40% de la electricidad del país.

La foto que encabeza esta crónica no es un ejercicio de desastre: uniformes verdes custodian compuertas, operadores civiles miran el horizonte con calculadora en mano y el agua huye de la presa más rápido de lo que llega. El Ejército no ocupa un cuartel; ocupa una central hidroeléctrica porque, sin lluvias en la cuenca alta, la reserva se convierte en moneda de cambio y en arma de doble filo.

Cuando el 40% del país depende de un solo embalse

Paute-Mazar aporta dos de cada cinco kilovatios que consumen los ecuatorianos. El nivel cayó de 2.150,5 a 2.143,7 msnm; el caudal, de 141 a 17,45 m³/s. La regla de tres es brutal: cada centímetro que baja el espejo de agua equivale a megavatios que no llegarán a las fábricas ni a los hogares.

En la central de control de Celec revisan tres veces al día el modelo hidrológico. La curva roja anticipa un punto de quiebre: si el embalse toca los 2.140 msnm, la turbina 1 debe desacoplarse. Quedarían dos. Después, una. Luego, ninguna. El país aprendería a vivir con 1.200 MW menos, justo cuando la demanda crece 4% anual.

Coca codo sinclair, la joya china, también se ahoga

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Nadie habla en voz alta de la represa de 2.300 MW construida por la corporación china Sinohydro. Pero los datos hablan: ingresa 100 m³/s cuando necesita 222 para diseño. La espuma café del Coca desciende por un despeñadero que ya no suena a turbinas; suena a aviso.

El contrato establece que Ecuador paga por disponibilidad de potencia, no por energía entregada. Es decir, cada día que la central amazonica rinde la mitad, el Estado sigue desembolsando 1,2 millones de dólares por capacidad que no puede usar. El agua escasea, la deuda crece.

Térmicas que nadie quienceder y colombia que ofrece lo que antes vetó

Térmicas que nadie quienceder y colombia que ofrece lo que antes vetó

El despacho nacional encendió ayer 1.100 MW térmicos a fuel oil y gas. El costo marginal rebazó los 90 USD/MWh, cuatro veces el precio de la hidroeléctrica. Subsidio cruzado: todos pagamos la cuenta para que nadín pierda luz antes de las elecciones.

Entretanto, desde Bogotá llegó la llamada de un viceministro colombiano: «Estamos listos para exportar 450 MW». El mismo país que en enero bloqueó el intercambio por deudas y diferencias políticas ahora ofrece su excedente. La ironía duele: la independencia energética dura hasta la próxima sequía.

El agua no miente, pero los calendarios sí

El fenómeno El Niño arrasó con la estación lluviosa. El Instituto de Meteorología pronosticó precipitaciones normales en septiembre; cayeron 30% abajo. El modelo GFS que usan los técnicos falló, y la operación se improvisa con rezagos de información y decisiones políticas.

Lo que nadie cuenta en los comunicados oficiales es que las cuencas requieren al menos 120 mm de lluvia espaciada en tres semanas para recuperar el nivel crítico. El radar solo ve nubes dispersas hasta mediados de noviembre. La brecha entre el discurso y la hidrología se llama incertidumbre, y esa incertidumbre ya tiene nombre de apagón.

El plan que no existe

No hay plan B. Solo un plan A raquítico: encender térmicas, rezar por lluvias y pedirle a los usuarios que «ahorren». La eficiencia energética se reduce a campañas de redes sociles y apagar alumbrado público a las 22:00. Olvidan que la industria cementera consume más que toda la ciudad de Cuenca, y nadie le ha pedido ni un kilowatio de recorte.

La diversificación de la matriz, prometida desde 2010, nació muerta. Un parque eólico en Loja y unas pocas fotovoltaicas en El Oro aportan apenas 4% del mix. El resto sigue atado a la cordillera y al ciclo hidrológico. Mientras, la demanda sube, los ríos bajan y la deuda externa por obras eléctricas supera los 8.000 millones de dólares.

La cuenta regresiva ya empezó

El operador de red mantiene dos barcos de 100 MW anclados en Esmeraldas como reserva de emergencia. Su alquiler cuesta 1,2 millones mensuales. Si llueve, serán un gasto innecesario. Si no llueve, serán la diferencia entre mantener las fábricas abiertas o volver a regalar velas como en octubre.

Las proyecciones internas —el documento que nadie firma— señalan que el 10 de diciembre el embalse Mazar puede tocar los 2.138 msnm. Ese día, Ecuador consumirá 3.000 MW pico y dispondrá de apenas 2.200 MW. La brecha es oscura y silenciosa. Ahí, en ese hueco, se juega el futuro inmediato de la economía: 400.000 microempresas, 5.000 industrias y el ánimo de 18 millones de ciudadanos.

El agua no pide permiso. Se escapa. Y con ella, la ilusión de que la bonanza hidroeléctrica duraría para siempre.