El aplazamiento que desata la guerra legal tras la final más bochornosa de la can

Rabat vuelve a ser el anillo donde se miden África y la justicia. El Tribunal de Apelación de la capital marroquí ha dado un respiro de 14 días a 19 aficionados —18 senegaleses y un argelino— que cumplen prisión preventiva desde la final de la Copa Africana de Naciones que nadie olvida y muchos quieren borrar.

La defensa se refuerza con un italiano que aterriza a tiempo

La sala accedió a la petición de los letrados, entre ellos un abogado italiano recién incorporado para representar a uno de los detenidos con doble nacionalidad. Necesita revisar 1.200 folios y unos daños valorados en 451.000 euros: 4,87 millones de dirhams que la Fiscalía atribuye a destrozos en el estadio Príncipe Moulay Abdellah cuando el pitido por penalti contra Senegal encendió la grada.

El 18 de enero quedó en la retina de Rabat: Senegal se negó a seguir jugando unos minutos, sus hinchas saltaron al césped y Marruecos acabó perdiendo la final en la prórroga. Dos meses después, la CAF le arrebató la copa a los leones de Teranga y la entregó a los anfitriones como castigo por el amago de retirada. Senegal ya apeló al TAS; la pelota ahora está en Lausana.

El 13 de abril, fecha límite para un caso que avergüenza a la confederación

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Los condenados en primera instancia a un año de cárcel volverán a verse tras una mampara de madera que apenas deja entrever sus rostros. Desde el banco de madera, familiares les hacen señas discretas: un gesto de mano, un murmullo en wolof, un silencio que pesa más que cualquier coletilla.

El aplazamiento no es solo una diligencia procesal; es la última baza para evitar que un episodio de mala organización —entradas de papel, controles laxos, una final disputada en un estadio que no estaba preparado para tanta tensión— acabe convertido en cadena perpetua mediática para los acusados y para la imagen de la CAN.

Mientras tanto, el balón sigue rodando en el escritorio del TAS. La justicia deportiva y la penal van por carriles distintos, pero ambas convergen en una sola certeza: el 13 de abril Rabat dictará si la condena se mantiene, se rebaja o se hace pedazos. Y con ella, la reputación de un torneo que prometió fútbol y terminó en juzgado.