El azteca despierta la furia de azcárraga: obra inconclusa a 77 días del mundial

Emilio Azcárraga Jean prometió a su padre un tercer Mundial en México y se lo cumplió. Lo que no prometió fue un estadio a medias. El Estadio Azteca —ahora Banorte— volvió a abrir sus puertas el 28 de marzo con fuegos artificiales, pero también con pasillos sin terminar, baños que parecen obra negra y un palco VIP que terminó siendo escenario de una caída mortal. El dueño del recinto está, según quienes lo tratan a diario, “molestísimo”.

La foto que nadie quería subir a instagram

Mientras México goleaba a Portugal en un amistoso sin historia, los teléfonos de la afición capturaban otra verdad: escalones sin concluir, filas que se desbordaban por salidas sin señalizar, gradas bajas con visión de cuello de botella. El estadio que albergará el partido inaugural del Mundial 2026 el 11 de junio contra Sudáfrica parece una obra en fase gris a 77 días del bautismo global. Un obrero que trabajaba en la zona de palcos altos lo resumió ante el micrófono de Hanz Salazar: “Faltan un chingo de cosas”. La frase se volvió trending topic antes que el marcador.

El proyecto que le vendieron a Azcárraga en 2018 prometía un coloso tecnológico, listo para la transmisión 8K y la experiencia inmersiva. Lo que entregaron fue un estadio funcional, sí, pero con la mitad de los detalles en lista de espera. Rubén Rodríguez, quien mantiene fuentes dentro del Consejo de Grupo Ollamani, dice que el empresario no está “molesto”, está “lo que le sigue”. El consejo ya detectó cuellos de botella logísticos: contratos de obra que se solaparon, proveedores que no sincronizaron tiempos y una cadena de cambios de última hora que nadie firmó.

La sombra de un muerto en la fiesta

La sombra de un muerto en la fiesta

La muerte de un aficionado en estado de ebriedad —caído desde un palco VIP— empañó la reinauguración. La Secretaría de Seguridad Ciudadana confirma que el caso sigue abierto. La investigación interna de Grupo Ollamani, en cambio, ya habla de barandales que no alcanzaron la altura reglamentaria y un acceso exclusivo que se convirtió en punto ciego. El incidente no solo escaló la ira de Azcárraga; también encendió las alarmas de la FIFA, que envió un inspector sorpresa el martes 1 de abril. El informe preliminar advierte: “Riesgo de seguridad operativa” si no se corrige la altura de barandales y se amplía el número de salidas de emergencia.

El contrato de naming rights con Banorte —por 20 años y cerca de 90 millones de dólares— ya genera tensión interna. El banco exigió en cláusulas posteriores que el estadio entregue una “experiencia premium” para sus clientes de alto patrimonio. La entidad financiera recibió, en cambio, filas de 45 minutos para acceder a palcos donde aún olía a pintura fresca. Fuentes bancarias advierten que, si no se normaliza la operación antes del 30 de abril, Banorte evalúa descontar parte del pago anual por incumplimiento de imagen.

La cuenta regresiva es implacable: 77 días para que el mundo mire al Azteca. La FIFA ya advirtió que no aceptará “parches estéticos”. Si la obra no termina en mayo, la empresa alemana Hörmann —encargada de las puertas de acceso VIP— podría activar una penalización de 2 millones de euros por retraso. Azcárraga, el hombre que cumplió la promesa de traer el Mundial a casa, ahora juega su partido más incómodo: remontar el tiempo antes de que el silbatazo inicial lo haga estallar todo.