El caso asunta vive su primer respiro: basterra obtiene permiso tras 11 años entre rejas

11 años después de que Asunta Basterra fuera encontrada muerta en un camino de Santiago, su asesino —su propio padre— puede pisar la calle. Alfonso Basterra, condenado a 18 años por el crimen que conmocionó a España, ha logrado su primer permiso penitenciario. La resolución, dictada por el juez de Vigilancia Penitenciaria de Salamanca, aún no es firme y puede ser recurida. Mientras tanto, Basterra sigue entre rejas, pero la puerta ya se abre.

Una sentencia que nunca cerró heridas

El crimen de Asunta no fue solo un asesinato. Fue una grieta en la idea misma de familia. La niña de 12 años fue sedada durante meses con benzodiacepinas y luego estrangulada. Su cuerpo apareció el 22 de septiembre de 2013 en una pista forestal cercana a una casa de su madre, Rosario Porto, también condenada. Ambos padres fueron declarados culpables por unanimidad. Porto se suicidó en la cárcel de Brieva en 2020. Basterra sigue vivo. Y ahora, reclama su derecho a salir.

La decisión judicial no es un regalo. Es la aplicación de una lelé que permite permisos tras cumplir una parte de la condena. Pero aquí hay un detalle: Basterra ha cumplido más de la mitad de su pena, sí, pero nunca ha reconocido el crimen. Ni un solo “lo siento”. Eso pesa. Y pesa mucho en la memoria de quienes aún recuerdan a la niña con coleta y mochila azul.

El permiso que no es libertad

El permiso que no es libertad

El juez ha concedido el permiso, pero la Administración penitenciaria puede recurrir. Y lo hará. Fuentes del caso confirman que el recurso ya se prepara. Mientras tanto, Basterra seguirá en la prisión de Topas (Salamanca), donde cumple condena desde hace años. El permiso, si finalmente se ejecuta, sería de apenas unos días. Pero para las familias de otros presos, es un símbolo: nadie está condenado a olvido, ni siquiera los parricidas.

La Fiscalía no se ha pronunciado aún. Pero fuentes del ministerio público advierten: “No hay arrepentimiento, no hay reinserción evidente”. Y ahí está el quid: ¿se puede rehabilitar quien no reconoce su culpa? La ley dice que sí, si cumple los requisitos. La calle, no.

El caso Asunta volvió a trending este lunes. No por la noticia en sí, sino por lo que desenterró: la foto de la niña, el vídeo de la escuela, la voz de su profesora diciendo que “Asunta era callada, pero dibujaba mundos”. Mientras Basterra pelea por unos días de calle, ella sigue muerta. Y sin permisos.