El cern atrapa al fantasma: detectan el entrelazamiento entre partículas que ni siquiera existen

Lo que la relatividad prohíbe, la física cuántica lo permite. Un equipo internacional con participación española acaba de demostrar que dos partículas pueden enredarse aunque una de ellas ni siquiera sea real. El detector ATLAS del cern ha capturado por primera vez el entrelazamiento cuántico entre un bosón Z auténtico y su gemelo espectral: una partícula virtual que viola las reglas de la energía y desaparece antes de que el universo se entere de su travesura.

La partícula que rompe las reglas

El truco estaba en el bosón de Higgs. Cuando este campo de energía pura se desintegra, produce dos bosones Z. Pero hay un problema: la suma de masas no cuadra. La solución que encontró la naturaleza es tan elegante como burlona: uno de los bosones Z se convierte en virtual, una quimera matemática que existe lo justo para dejar su huella antes de evaporarse.

Juan Antonio Aguilar, investigador del CSIC, lo resume con la sequedad de quien ha pasado años rastreando lo intangible: "Las partículas virtuales son los fantasmas del estándar modelo. No puedes atraparlas, pero sus efectos te golpean en la cara".

El alma de los qutrits

El alma de los qutrits

La historia se complica cuando descubres que estos bosones Z no son simples cúbits con dos estados, sino qutrits: tres posibilidades de espín que convierten cada partícula en un sistema de información tres veces más potente que cualquier qubit convencional. Es como si tu moneda de dos caras de repente desarrollara una tercera opción que solo existe cuando nadie la mira.

El equipo de ATLAS no midió directamente estos qutrits. Lo que midió fue su muerte: cuatro leptones cargados —electrones y muones— que salieron disparados del punto de colisión con la geometría precisa que solo produce un par de bosones Z entrelazados. La distribución espacial de estas partículas muertas revelaba la vida pasada de sus progenitores, incluido el bosón virtual que nunca existió.

España en la línea de fuego

España en la línea de fuego

Madrid está más cerca de Ginebra de lo que parece. El Instituto de Física Teórica del CSIC lleva tres años publicando estudios que anticipaban esta medida. José Alberto Casas y Jesús María Moreno, junto a Aguilar, habían dibujado el mapa teórico que ayer se convirtió en evidencia experimental. "Cuando empezamos ni los optimistas más radicales apostaban por esto", confiesa Aguilar.

La clave estaba en mirar donde nadie miraba. Mientras otros buscaban nuevas partículas, el equipo español se obsesionó con las que ya conocemos cuando se portan mal. Los bosones W virtuales que permiten la desintegración nuclear. Los Z espectrales que mediamos sin verlos. Las constantes que se rompen durante 10-25 segundos.

La física que viene

Este experimento no es un capricho académico. Los qutrits entrelazados son la materia prima de los ordenadores cuánticos del futuro, máquinas que procesarían información en tres dimensiones en lugar de dos. La diferencia entre resolver un problema en minutos o en millones de años podría estar en esa tercera opción que los físicos del CERN acaban de confirmar.

La próxima vez que alguien te diga que lo imposible no existe, recuérdale que en Gineva hay un tunel donde los físicos juegan con partículas que violan la relatividad, se entrelazan con fantasmas y mueren antes de que la luz recorra un protón. Y que entre ellos hay españoles que llevan años diciéndoles dónde buscar.