El cuello de botella de ormuz paraliza el 95% del fertilizante y amenaza la comida del planeta

El estrecho de Ormuz, esa arteria de 21 millas que une el Golfo Pérsico con el mar de Omán, ha pasado de mover más de cien buques al día a menos de diez. El corte, que ya sacude el petróleo, acaba de secar también la principal vía de entrada de fertilizantes al mundo. La UNCTAD avisa: sin nitrógeno ni fosfato, la próxima cosecha se encarece antes de germinar.

El 13% del nitrógeno del planeta pasa por ahí

Arabia Saudí, Qatar y Omán controlan el grueso de las exportaciones de nitrógeno. El 54% de los fertilizantes que consume Sudán, el 36% que necesita Sri Lanka y casi el tercio que importa Australia salen por esas aguas. Cada tonelada que no llega sube la factura del trigo, del arroz y del azúcar antes de que el grano exista.

El círculo es demoledor: el gas natural licuado que se embarca en el Golfo sirve para fabricar la urea y el amoníaco que luego vuelven a cruzar el estrecho en sentido contrario. Paralizar un flanco es estrangular el otro.

Seguros que ya cuestan más que el fertilizante

Seguros que ya cuestan más que el fertilizante

Las aseguradoras han multiplicado por diez la prima de riesgo. El flete se dispara. Y el agricultor, en Tanzania o en Bangladés, paga más por una bolsa de sulfato que por el saco de semillas. La UNCTAD calcula que la subida de costes ya se traslada al precio final del plátano, del té y del arroz basmati.

La guerra de Ucrania enseñó lo que ocurre cuando falta el grano. Ahora viene la lección dos: sin fertilizante no hay grano que recoger.

El organismo de la ONU no pide “calma”, pide rutas alternativas y reservas estratégicas. Pero el tiempo corre contra el calendario de siembra. La cosecha de 2025 se decide esta primavera en un estrecho que hoy duerme casi vacío.