El dólar en panamá no se mueve ni un céntimo y eso enciende alarmas
A las 09:00 de la mañana el balboa y el dólar seguían siendo la misma moneda: 1 a 1, sin grietas. El 0 % de variación que exhibe la pantalla de Bloomberg suena a estabilidad, pero en la oficina de un corredor de renta fija de Calidonia ese cero huele a pólvora: los bonos panameños pagan 24 % de interés y nadie parece celebrar.
La paridad que ya no es sinónimo de tranquilidad
Panamá lleva 121 años sin política monetaria propia. El dólar circula desde 1904 y la Constitución prohíbe al Banco Nacional emitir billetes; así que cuando el Tesoro necesita liquidez, no puede «pulsar el botón» de la impresora: debe colocar deuda en Wall Street. Esa es la trampa: la paridad fija blinda al país de la inflación cambiaria, pero lo expude al infierno del riesgo país. El 30 de marzo el spread de los bonos a 10 años sobre los Treasuries rozó los 310 puntos básicos, el nivel más alto desde la invasión a Irak en 2003.
El ministro de Economía, Felipe Chapman, insiste en que la dolarización es «un seguro contra el caos». Lo cierto es que el seguro se ha vuelto caro: cada punto de spread adicional cuesta 42 millones de dólares anuales en intereses. La deuda bruta trepó al 64 % del PIB y las calificadoras empiezan a restar comas. Fitch ya advirtió: si en 2025 no se reduce el déficit fiscal por debajo del 3 %, la nota «BBB» caerá a «basura».

Los negocios que viven del tipo de cambio fantasma
En la Zona Libre de Colón los traders de electrónicos no miran el Bloomberg: saben que el balboa nunca fluctuará. Pero el tipo de cambio real –el que pagan los importadores cuando suman seguros, flete y costo de financiamiento– ya supera los 1,05 balboas por dólar. «El tipo de cambio es político, no de mercado», susurra un importador de celulares que pide no ser citado. «Y cuando la política falla, te cobran el spread en los fletes y en el seguro de crédito».
El turismo, que debería beneficiarse de la «estabilidad», sufre el lado B: los hoteles de la ciudad cobran en dólares pero pagan salarios en una economía donde el costo de la vida se dispara. La habitación promedio bajó de 143 a 118 dólares en un año y la ocupación no alcanza el 55 %. «No podemos depreciar para competir; solo podemos recortar precios y margen», se queja la gerente del Central Hotel.

2026 Ya está en el precio de los bonos
Los analistas de UBS ya descontaron el «eventual» ajuste fiscal: calculan que Panamá necesitará colocar 6 500 millones de dólares en bonos nuevos en 2026 para cubrir vencimientos y déficit. El mercado pide 7,8 % de rendimiento a 10 años; es decir, 380 puntos sobre los Treasuries. «El país se está financiando como si ya fuera Bolivia», ironiza un estratega de Nueva York que viene recomendando «underweight» desde 2023.
El presidente Laurentino Cortizo prometió un paquete de ingresos que incluye subir el ITBMS al 8 % y cobrarle IVA a Netflix. El proyecto duerme en el parlamento desde octubre. Mientras tanto, el Tesoro ya adelantó que emitirá bonos por 1 200 millones antes de junio. «No hay plan B; solo hay más deuda», resume un ex director del Banco Mundial que prefiere el anonimato.
El día después del 1 a 1
La paridad cambiaria no va a romperse mañana: Panamá no tiene moneda que devaluar. Pero la ilusión de estabilidad se desvanece cada vez que sale un bono al 24 %. El rating de Fitch, el spread de 310 pb, la deuda en 64 % del PIB y el déficit en 5,2 % son el auténtico tipo de cambio que el país paga por no tener banco central. El balboa seguirá siendo un dólar, pero cada vez cuesta más caro serlo.