El euro abre plano en chile: 1.068 pesos que esconden una guerra por el cobre
1.068,24 pesos. Esa es la cifra con la que el euro despertó en Santiago, pero no se confunda: el gesto apenas es un parpadeo en medio de una batalla silenciosa que se libra en Londres y Shanghái por cada libra de cobre que sale de Chuquicamata. El alza del 0,1 % respecto al cierre previo no es más que la cicatriz de una guerra de volatilidad que ya lleva ocho días inyectando incertidumbre en las mesas de dinero de Ahumada y en las billeteras de quienes planean vacaciones en Europa este invierno.
Por qué el euro se niega a despegar pese al optimismo político
La derecha recuperó el timón en chile y los analistas de Bloomberg ya dibujan una banda de 820 a 880 pesos por dólar para 2026. La fórmula suena sencilla: más inversión extranjera, tipo de cambio más bajo, importaciones más baratas. Pero hay un detalle que nadie incluye en los power point: el cobre, esa losa roja que mantiene en vilo al Banco Central, cerró la semana en 4,02 dólares la libra, lejos del sueño de 5 dólares que necesita el fisco para cubrir el agujero de 37 % de deuda que dejó la pandemia. Mientras el metal no despegue, el euro seguirá a merced de los fondos de cobertura que apuestan contra el peso chileno cada vez que China anuncia que «estudia» nuevas restricciones a la demanda.
El viernes pasado el euro saltó 0,13 %. Hoy abre a la baja. La volatilidad de corto plazo ya supera la anual, un síntoma de mercado nervioso que prefiere operar en lotes de 30 segundos antes que mantener posiciones de overnight. En la mesa de cambios de Banco BICE ya no hablan de «tendencia»; hablan de «micro-ralladas» que se comen el salario de quien cambia 500 euros para pagar la matrícula de un máster en Barcelona.

La moneda que nadie quiere en el bolsillo
Mientras el dólar sueña con los 840 pesos de cierre de 2026, el euro se debate en una trinchera olvidada. Los billetes de 5 y 10 euros que los turistas traían de vuelta en 2019 hoy se guardan en cajones: el Banco Central chileno no publica estadísticas de retención de efectivo extranjero desde 2021, pero en el patio de moneda extranjera del Aeropuerto Arturo Merino ya no hay contenedores de sobrantes de vuelo para euros. «Se lo llevamos a Miami y lo cambiamos allá», confiesa un operador de LATAM Cargo que pide anonimato. El euro se volvió mercancía de exportación en vez de refugio.
La historia tiene un giro irónico: la moneda que nació para unir a Europa se ha convertido en el pariente pobre del cajón de divisas en chile. Mientras el peso se aprecia por efecto de la promesa empresarial, el euro no logra capitalizar ni siquiera la incertidumbre política que sacude a Francia o la recesión que se cierne sobre Alemania. La razón es tosca: el cobre pesa más que la inflación alemana. Y el cobre, por ahora, no coopera.
Así las cosas, 1.068 pesos es solo una fotografía. Detrás del decimal se esconde la certeza de que la próxima gran movida del euro en Santiago no la escribirá el Banco Central Europeo: la escribirá la mesa de futuros de Londres cuando decida si el despegue chino llega o si la burbuja inmobiliaria de Beijing estalla y arrastra el precio del metal a 3 dólares. Mientras tanto, los 100 pesos que dejaron de circular en 2018 siguen siendo más valiosos que cualquier billete de BCE que nadie quiere tocar.