El euro se desliza en silencio y el dólar ya fija fecha de rendición en chile
El euro abrió este 30 de marzo a 1.060,04 pesos, apenas tres décimas menos que ayer. Parece poco, pero es la tercera caída seguida y la séptima en quince días. La moneda europea acumula ya un -1,06 % en doce meses y la volatilidad de la última semana supera la del año completo: el mercado huele cobre y política.

Por qué el peso se vuelve más duro que el cobre
Los bancos de inversión que Bloomberg consulta en secreto dibujan un 2026 en que el dólar cotizará entre 820 y 880 pesos. La banda estrecha no es casual: supone una apreciación de hasta un 7 % respecto al promedio de 2024 y un golpe de timón respecto al pico de 940 que tocó en octubre pasado.
El motor lo encuentran en Santiago, no en Washington. El giro a la derecha tras la elección municipal y el anticipo de una reforma tributaria amable al capital despertaron 4.300 millones de dólares en flujo especulativo desde noviembre. La bolsa local sube 19 % en dólares y los fondos de pensiones extranjeros ya pesan 18 % de la capitalización. El mensaje es brutal: invierta ahora o pague más caro mañana.
El cobre, por supuesto, sigue siendo el termómetro. A 4,05 la libra, el metal rojo aporta 2.800 millones de dólares adicionales al mes si se compara con el promedio de 2023. Cada centavo de alza reduce 0,3 pesos al tipo de cambio, según la fórmula que usan en el Banco Central y que nadie se atreve a desmentir. La contrapartida es la trampa: si China estornuda y el cobre cae a 3,50, el dólar vuelve a 900 pesos en 72 horas.
Mientras tanto, el euro se queda sin argumentos. El BCE sigue anclado a tasas que ya no seducen a los fondos asiáticos y la recesión técnica en Alemania resta atractivo al carry trade. En Santiago, los mesas de dinero apenas guardan 200 millones de euros en efectivo, la cifra más baja desde 2010. La conclusión es simple: Europa ya no importa; chile mira al Pacífico y al cobre.
La historia termina con una ironía. Mientras el peso se fortalece, el ciudadano paga más caro el café importado y el Netflix que cotiza en dólares. La apreciación que celebra el ministro de Hacienda le cuesta al consumidor 35.000 pesos anuales en canasta digital. La victoria del peso, como casi todo en economía, tiene nombre y apellido: exportadores felices, turistas escaldados y electores que aún no lo saben.