El fmi avisa: españa esquiva la crisis energética mejor que sus vecinos
Mientras el conflicto en Oriente Medio sacude los mercados de materias primas y pone en jaque a buena parte de Europa, el Fondo Monetario Internacional ha llegado a una conclusión que no debería sorprender a quienes llevan años siguiendo la política energética española: España está mejor blindada que la mayoría. No porque haya tenido suerte, sino por una combinación de nucleares en funcionamiento y una apuesta renovable que, aunque tardía y tortuosa, empieza a dar sus frutos.
Una estructura energética que marca la diferencia
El informe publicado este lunes por el FMI es claro al señalar que la crisis derivada del conflicto bélico —que arrancó el 28 de febrero— no golpeará a todos los países con la misma intensidad. Italia y Reino Unido, con su dependencia estructural del gas importado, están en una posición mucho más expuesta. España y Francia, en cambio, aparecen como las excepciones europeas. El motivo es concreto: su menor dependencia del gas y del petróleo que llega de fuera.
Lo que el organismo con sede en Washington llama «cartera diversificada de protección eléctrica» es, en términos más directos, el hecho de que España puede generar electricidad sin depender de lo que pase en el estrecho de Ormuz. Y eso, en este momento, vale mucho. Por ese enclave estratégico transita el 25% del petróleo y el 20% del gas natural que se mueve en el mundo. Cualquier perturbación ahí se traduce en un golpe inmediato a los precios globales.
La red de interconexiones de España con el resto del continente suma otro punto a su favor. No es un detalle menor: la capacidad de exportar o absorber energía de los países vecinos actúa como amortiguador en momentos de tensión. Aunque, y el FMI lo advierte sin ambages, ningún país está completamente a salvo si el conflicto se prolonga.

El hambre como efecto colateral de la guerra
Hay una dimensión del análisis del FMI que suele quedar sepultada bajo los titulares sobre el precio del barril: el impacto en la seguridad alimentaria. El conflicto en Oriente Medio afecta al tránsito de un tercio de los fertilizantes mundiales que circulan por Ormuz. Si los fertilizantes se encarecen, la comida también. Y no en los mismos porcentajes para todos.
En los países de ingresos bajos, los alimentos representan alrededor del 36% del consumo total. En las economías emergentes, ese peso baja al 20%. En España y otras economías avanzadas, ronda el 9%. La cifra habla por sí sola: una subida del 15% en los precios de los alimentos es un inconveniente para un español medio, pero puede ser una catástrofe para una familia en el Sahel o en el sur de Asia.
El FMI lo resume con una frase que merece más atención de la que recibe: la crisis es «global, pero asimétrica». Todos pagan algo. Pero no todos pagan lo mismo.

El decreto de sánchez y la carrera renovable
En este contexto, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado en el Congreso un decreto ley orientado a acelerar el despliegue de energías renovables como respuesta directa a las consecuencias económicas del conflicto en Irán. La medida encaja con la línea que el propio FMI señala como protección: cuanto menos dependas del exterior para generar energía, menos vulnerable eres a lo que ocurra a miles de kilómetros.
Pero acelerar el despliegue renovable no es girar un interruptor. Los plazos de tramitación, los conflictos territoriales y la burocracia administrativa han sido el talón de Aquiles de España en este terreno durante años. Que ahora haya urgencia geopolítica para hacerlo más rápido no elimina esos obstáculos; solo añade presión.
Una recuperación global que llega en mal momento
El FMI también apunta algo que conviene no perder de vista: este conflicto ha llegado justo cuando muchas economías empezaban a levantar cabeza tras años de turbulencias. La subida de precios en energía y alimentos no es solo inflación; es un freno directo a la recuperación de los países más vulnerables, y en algunos casos, un retroceso en los indicadores de pobreza que costó años mejorar.
Para las regiones importadoras de energía en Asia y Europa, el golpe es directo. Para los países de renta baja, la combinación de combustibles caros y fertilizantes escasos puede tener consecuencias que se medirán no en puntos del PIB, sino en cosechas perdidas y platos vacíos.
España, en este tablero, juega con mejores cartas que la mayoría de sus socios europeos. Pero que el FMI te ponga como ejemplo de resiliencia energética no significa que el escenario sea cómodo. Significa, simplemente, que otros lo tienen peor. Y eso, en el fondo, no es ningún motivo de celebración.