El fuego devora otra vez los guájares: infoca frena a tiempo la amenaza
Las llamas volvieron a acechar Los Guájares este domingo. El paraje de Barranco Alberca Alta se encendió como una cerilla y, en cuestión de minutos, el humo volvió a teñir de gris el cielo de la Alpujarra granadina. Pero esta vez la historia no se repitó: Infoca blindó el perímetro y, cuando el sol se puso, el incendio ya estaba controlado. Dos aviones anfibios y dos autobombas siguen este lunes rematando brasas. La batalla no ha terminado, pero la guerra la ganaron en las primeras horas.
El viento fue el enemigo invisible
La tarde del domingo se convirtió en un infierno. Las rachas superaron los 50 km/h y el fuego saltó de ladera en ladera como un gato salvaje. Antonio Mancilla, alcalde de Los Guájares, lo resume con una frase que suena a epitafio: «Sin el viento, lo teníamos atado en dos horas». La intervención aérea, clave para cortar la cabeza del incendio, se vio obligada a retroceder. Las palas se quedaron en tierra. Los pilotos, en tierra de nadie.
El terreno, además, juega sucio. Barranco Alberca Alta es un laberinto de cortijos abandonados, acequias secas y pendientes que se tiran al vacío. Medir el daño desde el aire es casi un ejercicio de imaginación. Infaca habla de «superficie afectada en evaluación», pero nadie se atreve a dar cifras. La orografía se niega a convertirse en estadística.

Los guájares, aún sangrando por 2022
El miedo tiene memoria. Hace dos años y medio, el mismo paisaje se convirtió en un océano de cenizas: 5.194 hectáreas arrasadas, 62 kilómetros de perímetro, cinco municipios tocando el ala. El fuego de septiembre de 2022 dejó caminos calcinados, infraestructuras colgando de un hilo y un sabor ahumado que aún perdura en la boca de los agricultores. Por eso, cuando este domingo apareció la primera columna de humo, muchos vecinos no dudaron: cargaron con mangueras, azadones y hasta palas de labrar la tierra. «No íbamos a esperar a que nadie nos salvara», confiesa uno de ellos, la voz quebrada por la ceniza.
Francis Rodríguez, presidente de la Diputación, llegó este lunes a primera hora. Se subió a una pick-up, recorrió la zona y, ante las cámaras, dedicó el mérito a los profesionales. Pero lo que no dijo es que el Plan Infoca lleva meses reclamando más medios: más helicópteros pesados, más brigadas de refuerzo, más sueldos dignos para los forestales. La felicitación oficial suena a parche cuando el próximo incendio puede estar a la vuelta de la colina.
Entretanto, los aviones anfibios siguen zambulléndose en el pantano de Béznar, cargando agua a pleno sol. Cada descarga cuesta 3.000 euros. Cada minuto de viento, 10 metros cuadrados más de monte perdido. La cuenta atrás es implacable. Y la próxima vez —porque habrá una próxima vez— Los Guájares volverá a jugar su vida contra el fuego.