El g7 convoca a sus ministros para frear el bloqueo iraní al petróleo que hunde los mercados

París despertó este lunes con la agenda diplomática en máxima tensión: a las 13:00 horas locales, ministros de Hacienda, energéticos y banqueros centrales del G7 se encerrarán en una videoconferencia sin precedentes para contener el derrame de la guerra en Irán. La cita, convocada de forma exprés por la presidencia francesa, busca desbloquear el cerco iraní al estrecho de Ormuz, arteria por la que cada día pasan 21 millones de barriles de crudo. La economía global respira por un tubo y todos lo saben.

Lo que nadie cuenta es que washington ya tiene 50.000 soldados en la región

La cifra habla por sí sola: 10.000 efectivos más que el despliegue habitual. El Pentágono los ha ido colocando bajo radar, pero el rumor de un eventual salto a la isla de Jarg —la principal terminal exportadora de Teherán— ha dejado a los analistas sin margen de error. Donald Trump lo admitió la semana pasada en el Financial Times: su objetivo preferente sería "tomar el control del petróleo" iraní. La frase, que en otra época hubiera detonado un tsunami diplomático, hoy apenas genera un suspiro: el mercado ya da por hecho que el conflicto se extenderá.

Esa resignación es la que ha llevado a Roland Lescure, ministro de Economía galo, a reunir por primera vez en cinco décadas a todos los jefes de finanzas y energía del club de las democracias ricas. La fórmula —Finanzas + Energía— no es casual: las petroleras alertan de que los inventarios mundiales de crudo podrían quedarse sin colchón si Irán cierra del todo Ormuz. El resultado: un pico de precios que sumaría varios puntos de inflación a las economías occidentales justo cuando la Reserva Federal aún no retoca tipos.

El problema es que nadie sabe cuánto durará la guerra

El problema es que nadie sabe cuánto durará la guerra

El jueves pasado, en el château de la Celle Saint-Cloud, los cancilleres del G7 ya firmaron una declaración conjunta pidiendo el cese de ataques a infraestructura civil. Irán respondió ampliando el cerco naval. Desde entonces, el Brent ha escalado un 8 % y el gas natural europeo un 14 %. Las bolsas de valores europeas abrieron hoy con el DAX alemán en rojo y el CAC 40 rozando mínimos de tres meses. La cadena de efectos es brutal: gasolina más cara, transporte encarecido, núcleo de inflación más resistente y bancos centrales atrapados entre subir tipos y ahogar el crecimiento.

La reunión de hoy no servirá para desactivar misiles, pero sí para decidir quién paga la factura. El Tesoro de Estados Unidos ya ha pedido a sus socios que compartan el coste de una eventual operación de escolta conjunta en el Golfo. Francia y Reino Unido barajan enviar buques de guerra; Alemania se resiste a una misión ofensiva. Italia, con su deuda al 140 % del PIB, solo atina a pedir un tope de precios. Japón, por su parte, activó su reserva estratégica la semana pasada: 100 millones de barriles que le durarán escasas diez semanas si Irán cierra el paso.

El desencuentro no es retórico. La última vez que el estrecho de Ormuz quedó parcialmente bloqueado, en 2019, el crudo se disparó un 20 % en 48 horas. Ahora el contexto es peor: reservas bajas, refinerías al límite y un presidente electo en EE.UU. que necesita estabilidad de precios antes de noviembre. El reloj diplomatic corre en bucle: cuanto más se alarga el conflicto, más se encarece la vida de los consumidores y más se alimenta el ciclo de recesión que muchos economistas dan por iniciado.

La videoconferencia terminará con un comunicado ansiado por los mercados. Tras él vendrán nuevas sanciones, nuevas contra-sanciones y, probablemente, nuevas cifras récord en los surtidores. La ironía es demoledora: mientras el G7 busca apagar el fuego con dinero, Irán ya ha encontró la manera de que el mundo pague su guerra por cada litro que echa al tanque.