El gas acumulado vuelve a golpear a la ciudad: cuatro heridos y 50 vecinos en la calle
Una explosión por gas acumulado en el edificio Rébsamen, en la alcaldía Benito Juárez, dejó cuatro heridos este lunes y desalojó a medio centenar de vecinos que ya habían perdido la paciencia, no la casa, tras los sismos de 2017. El inmueble, marcado por grietas y recelos desde hace siete años, volvió a convertirse en un campo de escombros y sirenas.
El estruendo que nadie quería oír
Fue pasado el mediodía. El piso 4 se llenó de llamas y el estruendo rompió los cristales de media manzana. Un hombre salió con el 10 % del cuerpo quemado; tres vecinos más terminaron con heridas leves, pero el susto fue colectivo. Myriam Urzúa Venegas, titular de la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos, no se anduvo con rodeos: «Los vecinos no van a poder pasar la noche en este lugar». La razón: fugas activas y la posibilidad de nuevas deflagraciones.
La alcaldía ofreció hoteles para quienes ya no confían en los muros que alguna vez llamaron hogar. Mientras tanto, peritos de la Fiscalía capitalina rastrean el origen exacto de la acumulación de gas: ¿una instalación clandestina, un tanque doméstico mal cerrado o la negligencia que se repite en cada colonia?

Rébsamen, un edificio que no logra reponerse
El inmueble lleva años en el radar de Protección Civil. Después del 19-S apareció en listas de daño estructural, pero los dictámenes nunca cerraron el edificio del todo. Los vecinos denunciaron reparaciones cosméticas y el temor a cobrar facturas impagables si reclamaban más. Hoy, la explosión les quitó la opción de mirar para otro lado.
«No hay daño estructural», aclaró Urzúa para frenar el pánico, pero la frase se quedó sola ante el olor a gas que aún impregna las escaleras. La autoridad cordonó la zona y blindó el acceso; los vecinos, con mochilas y mascotas en brazos, solo piden un informe que no tarde meses en llegar.
Ciudad que olvida, riesgo que regresa
La Ciudad de México acumula más de 13 000 edificios con dictamen de daño tras los sismos, según datos abiertos de la propia Secretaría. Solo una fracción ha sido reparada en su totalidad; muchos permanecen ocupados bajo la promesa de «intervenciones parciales». La explosión de este lunes demuestra que el problema no es solo sísmico: es de mantenimiento, de vigilancia y de memoria.
Mientras la investigación avanza, los 50 desalojados duermen en colchones prestados y esperan una fecha para regresar. La cifra habla por sí sola: cuatro heridos, un edificio en jaque y una ciudad que sigue jugando a la ruleta rusa con el gas.