El gobierno cambia la regla del juego del acpm y los tanques ya no serán un misterio

Desde el próximo martes el diésel que carga el camión, la ambulancia o la camioneta de tus hijos costará lo que valió en el mercado mundial la semana pasada. Palma y su equipo de Minas y Hacienda acaban de firmar la sentencia: el precio del ACPM se actualizará cada siete días, sin contemplaciones ni excusas de cadena de WhatsApp.

El mecanismo que nadie pidió pero todos pagaremos

La fórmula es brutalmente simple: toman el promedio diario del diésel en Platts, lo meten en una calculadora y el lunes a las 6:00 a.m. publican el número que regirá hasta el siguiente martes. Ni más ni menos. El truco está en que el "ingreso al productor" —ese valor que antes se negociaba entre puertas cerradas— ahora tiene piso y techo: no puede estar por debajo de la paridad internacional ni por encima de lo que costaría importar el cargamento.

¿Por qué ahora? El Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (Fepc) lleva meses sangrando. La cifra habla por sí sola: entre enero y marzo el fondo erogó 1,2 billones de pesos para compensar la brecha entre lo que pagamos y lo que vale. A este ritmo, el cofre se vacía antes de que termine el año escolar.

El proyecto, en mesa pública hasta el 11 de abril de 2026, deja en evidencia un detalle incómodo: el Estado ya no quiere ser el colchón de las volatilidades. Quiere que el consumidor sienta en la bomba el mismo dolor que siente el mercado. La lógica es fría: si el crudo se dispara, pagamos; si se desploma, ahorramos. El gobierno solo se quedará con la llave del depósito para "suavizar" los picos más salvajes.

Los perdedores que no firmaron

Los perdedores que no firmaron

Transportadores oficiales, flota diplomática y vehículos particulares de alta gama serán los primeros en notar el golpe. Hasta ahora disfrutaban de un precio congelado que les costaba al resto del país unos 300 pesos por galón de subsidio cruzado. Con la nueva tabla, su tanque de 60 litros puede encarecerse 18.000 pesos de la noche a la mañana si el Brent despierta con ganas.

Lo que nadie cuenta es que el mecanismo también le quita poder al Ministerio de Minas para improvisar políticas improvisadas. La semana pasada, Palma podía abrir Excel y cambiar una celda; la semana que viene, tendrá que justificar la cifra ante cualquier ciudadano que sepa leer un comunicado. La transparencia, en este país, es ya un golpe de timón.

El martes 15 de abril el primer anuncio caerá como una bomba en las apps de domicilios: el costo del flete subirá antes que el café. Las empresas de transporte de carga ya adelantaron a sus clientes un ajuste del 6 % si el diésel supera los 3,10 dólares por galón. El encadenamiento es implacable: alza del ACPM, alza del flete, alza de la canasta familiar.

El gobierno apuesta a que la volatilidad externa se equilibre con la previsibilidad del calendario. La apuesta es arriesgada: si el conflicto en Ucrania estalla de nuevo o si Trump decide llenar el SPR (Reserva Estratégica de EE.UU.) hasta el tope, el precio puede saltar 20 centavos en 48 horas y Colombia lo sentirá en carne viva cada martes, como un reloj que no se atrasa.

La ironía final: mientras el petróleo colombiano se vende en dólares, los conductores pagarán su propio diésel al ritmo de un mercado que ni siquiera opera en pesos. El país exportador de crudo importa la lógica de precios de Miami y la aplica en la 26ª carrera. El ciclo se cierra: producimos petróleo, pero lo que movemos la economía es la vara que marca Houston. Y ahora, sin subsidio que lo amortigüe, la vara nos va a doler cada semana, puntual como domingo de elecciones.