El grito que no calló: ratifican cárcel a un joven por amenazar a su ex, una menor
Nueve meses y un día de prisión. Esa es la frase que el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León ha dejado grabada a fuego para un chico de 21 años que, tras ser dejado por su novia de quince, llegó a su casa y le espetó: «Si no folla conmigo no va a follar con nadie». La Sala de lo Civil y Penal, con sede en Burgos, ha desestimado el recurso de la defensa y confirma la condena por amenazas leves en el ámbito de la violencia de género.
La frase que nadie olvida
El 4 de febrero de 2024, la menor había vuelto al domicilio familiar en León tras romper la relación. Él se presentó sin avisar. Ella le cerró la puerta. Entonces, según la sentencia, él gritó la frase mientras su madre y su hermano escuchaban horrorizados. También les prometió que les iba a matar. Los tres testimonios coinciden al milímetro y bastan al tribunal para descartar que fuera una «rabieta adolescente».
La defensa alegó inmadurez y reacción impulsiva. Los magistrados responden que la «posesión» que impregna sus palabras no admite atenuantes. El miedo que generan es «objetivamente razonable» y basta para encajar en el tipo penal de amenazas en pareja.

Absoluciones que dejan sabor agridulce
La Fiscalía también pedía condena por agresión sexual, maltrato habitual, coacciones e inducción al abandono del hogar. Nada de eso ha prosperado. El tribunal entiende que la diferencia de edad —seis años— no se tradujo en superioridad corruptora durante los seis meses que duraron los encuentros sexuales. La absolución paralleva la factura de los abogados: solo pagará las costas por el delito de amenazas.
La víctima, hoy con 16 años, deberá seguir viendo al agresor en los pasillos judiciales: la orden de alejamiento expira justo cuando él cumpla los 22 y ella los 17. La sentencia no habla de reparación emocional, solo de metros de distancia.
Castilla y León cierra así otro capítulo de violencia de género que comenzó en agosto de 2023, cuando la menor dejó su casa para «convivir de forma intermitente» con un chico mayor. Seis meses después, la puerta familiar se convirtió en la última trinchera. La justicia ha dictado sentencia, pero el miedo, advierte la madre, «no caduca».