El kospi se hunde casi 3% y corea del sur teme un 'efecto dominó' en asia

Seoul amaneció este lunes con el corazón en la boca. El KOSPI, el termómetro bursátil surcoreano, cerró con un desplome del 2,97% que dejó al índice en 5.277,30 puntos, su nivel más bajo desde la crisis de confianza de octubre. La sangría fue tan rápida que en solo seis horas y media de cotización se evaporaron 146 puntos: el techo intradiario (5.297,35) y el suelo (5.151,22) dibujaron un abismo del 2,76% que los analistas ya bautizan como 'la trampa del martes negro coreano'.

Por qué este 2,97% duele más que otros

La cifra habla por sí sola: en los últimos cinco días el KOSPI ha perdido ya un 2,38%, pero lo que inquierte a los fondos soberanos es la velocidad. El índice cotiza un 16,33% por debajo del máximo anual (6.307,27 puntos) y, aunque conserve un colchón del 22,45% sobre el mínimo de 2025 (4.309,63), la pendiente se vuelve cada vez más resbaladiza. 'Estamos ante un ajuste técnico que se está alimentando de la liquidez extranjera', admite una fuente del banco estatal Korea Development Bank que prefiere no identificarse.

El detalle que nadie cuenta es el volumen: los contratos futuros sobre el KOSPI 200 se negociaron a un ritmo 1,8 veces superior al promedio de los últimos tres meses. Traducción: los inversores institucionales están cubriendo posiciones cortas a la carrera, temiendo que el won se deprecie aún más tras la reunión de la Reserva Federal del próximo miércoles. El dólar ya roza los 1.385 won en el mercado spot y cada centavo que gana la divisa estadounidense arrastra al índice hacia abajo.

El

El 'efecto samsung' que arrastra al parqué

Samsung Electronics, que pesa un 21% dentro del KOSPI, cerró con un -3,4% tras conocerse que su beneficio operativo del primer trimestre podría caer un 17% interanual. El gigante chip coreano arrastra a todo el sector tecnológico: SK hynix perdió un 4,1% y Naver se dejó un 3,7%. 'Cuando el barco ballena se zambulle, arrastra a la manada', resume Kim Hyo-jin, estratega de NH Investment & Securities.

Lo que nadie se atreve a decir en voz alta es que el Banco de Corea tiene las manos atadas. Subir tipos para defender al won podría frenar el endeble repunte del consumo interno; mantenerlos donde están condena al índice a seguir sangrando. Mientras tanto, los pequeños inversores locales, que este año han ingresado 12.400 millones de dólares al mercado vía apps de trading, ven cómo se evaporan los beneficios de tres meses en una sola sesión.

La partida acaba de empezar. El miércoles Seúl desvela la inflación de marzo y Washington decide si aprieta o no el grifo. Si el dato coreano supera el 3% y Powell habla duro, el KOSPI podría probar los 5.100 puntos antes de que Semana Santa alcance Asia. Y entonces la palabra 'volatilidad' que tanto repiten los titulares ya no servirá para describir lo que viene: será un simple desangramiento.