El kremlin bombea oxígeno a la habana y trump lo autoriza con un gesto

El petrolero Anatoli Kolodkin atracó anoche en Matanzas con 700 000 barriles de crudo ruso. Fue el silbido de llegada de un salvavidas: Cuba llevaba 92 días sin un solo litro de petróleo y la isla se apagaba por barrios. El Kremlin no lo presenta como caridad, sino como deber ideológico; Washington, que hasta hace una semana castigaba ese mismo envío, ahora lo observa con la palabra «supervivencia» en la boca.

Moscú recalca «amistad» y peskov carga contra el bloqueo

Dmitri Peskov, portavoz de Putin, lo dejó claro en la rueda de prensa telefónica: «No podemos mantenernos al margen». Detrás de la frase hay un cálculo geoenergético: cada tonelada que llega a Cuba es una vitrina contra las sanciones que Occidente montó sobre la «flota fantasma» rusa. El Anatoli Kolodkin es solo el primero; el Sea Horse viene detrás con otros 27 000 t de combustible, según el Financial Times. La cifra habla por sí sola: en febrero enviaron otro cargamento idéntico y ahora repiten la jugada. El mensaje es doble: para La Habana, oxígeno; para Bruselas y Washington, un desafío logístico que demuestra que el cerco tiene agujeros.

Lo que nadie cuenta es que el crudo ruso se descarga en el mismo puerto donde en 2022 ardió un depósito de fuel, dejando a la refinería de Matanzas casi fuera de servicio. La isla recibirá el petróleo, pero no tiene capacidad inmediata para procesarlo todo. La solución: almacenar y racionar, mientras los apagones siguen cortando la vida diaria. El gobierno cubano no ha dicho cuántas semanas durará el alivio, pero los técnicos consultados apuntan a tres, quizá cuatro, si la demanda eléctrica no se dispara.

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El presidente de EE.UU. firmó el 29 de enero una orden ejecutiva que amenazaba con aranceles a quien le vendiera petróleo al régimen de La Habana. El domingo, sin embargo, dijo a los periodistas: «No me molesta. Tienen que sobrevivir». La frase desmonta de un plumazo la retórica anticubana que marcaría su campaña. En la práctica, su administración levantó por 30 días la prohibición de tránsito si el cargamento partió antes del 12 de marzo. Peskov confirmó que la autorización se negoció «con antelación» con la Casa Blanca. Traducción: la ayuda a Cuba se tramitó en la mesa de los grandes, no en la retórica de Twitter.

El permiso, eso sí, tiene fecha de caducidad. Si Moscú quiere repetir la operación en abril tendrá que renegociar. Y en La Habana ya saben que el oxígeno puede ser temporal: la economía sigue paralizada y los apagones, aunque ahora menos largos, siguen dibujando la noche en negro. El Kremlin promete más barcos; Trump promete «mirar hacia otro lado» mientras convenga. Entre ambos, los cubanos reciben hoy un respiro que mañana puede ser deuda. La isla arde a fuego lento y el petróleo ruso, por ahora, solo apaga las llamas de la calle, no las del poder.