El kremlin tumba la tregua pascual y avisa: la factura será más cara en la próxima curva

Moscú ha dicho no. Ni siquiera 48 horas de respiro para los campos de Ucrania. La propuesta de Zelenski de un alto el fuego durante la Pascua ortodoxa —el 12 de abril— ha sido arrojada al cajón de las negativas rotundas. «Repetimos una vez más: Zelenski debe asumir su responsabilidad y tomar la correspondiente decisión para que lleguemos a la paz, no a un alto el fuego», ha espetado Dmitri Peskov, el portavoz que suelta las verdades que Putin no quiere firmar.

La guerra sigue su curso y el kremlin fija precio

El mensaje es claro: la dinámica del frente favorece a Moscú y no piensa ceder un metro. «Las tropas rusas avanzan, en algunos lugares más rápido y en otros más lento, en toda la línea del frente», ha subrayado Peskov, como quien describe el ritmo de una cinta transportadora. La tregua, para el Kremlin, es un paréntesis que Kiev aprovecharía para rearmarse y reponerse. Por eso la rechazan. Por eso avisan: «Más tarde esa decisión tendrá que tomarla a un precio mayor».

La ironía es que Zelenski sí detalló su oferta. El lunes, en un audio enviado al grupo de WhatsApp de periodistas que cubren la guerra, habló de un alto el fuego «total», que incluyera energía, alimentos, mar y aire. Lo había trasladado ya a los líderes del Golfo en su gira por Arabia Saudí, Emiratos y Catar. Pero para Moscú, la propuesta no era «precisa». Era, simplemente, otra forma de pedir tiempo.

El calendarío de las treguas rotas

El calendarío de las treguas rotas

No es la primera vez que la Pascua ortodoxa se convierte en moneda de cambio. Hace un año, Putin decretó un alto el fuego de 30 horas. Fue unilateral, breve y teatral. Ahora ni eso. La diferencia es que entonces el Kremlin buscaba mostrar gesto. Hoy no necesita la foto. La ofensiva rusa avanza y el desgaste ucraniano se acelera. Zelenski, por su parte, insiste en un cese de 30 días, algo que Donald Trump llegó a respaldar. Pero Moscú no quiere pausa; quiere rendición.

Entretanto, la próxima reunión de paz a tres bandas —Estados Unidos, Rusia, Ucrania— sigue en el limbo. Se aplaza porque Moscú rechaza que se celebre en territorio estadounidense. La guerra, literalmente, no quiere mesa. Quiere terreno.

El Kremlin ha dicho no. Y cuando Moscú dice no, el frente se enciende. La Pascua llegará sin tregua. Y la factura, como avisan cerca del río Moscova, se cobrará más adelante. Con intereses.