El mall de 'volver al futuro' se rebela contra la fiebre de centros de datos para ia

El Puente Hills Mall, donde Marty McFly pisó el acelerador del DeLorean hasta los 140 km/h, vive ahora su propia guerra contra el tiempo. No se trata de viajes interdimensionales, sino de resistirse a convertirse en un gigantesco almacén de servidores para inteligencia artificial. El ayuntamiento de City of Industry, una localidad diminuta del condado de Los Ángeles con apenas 300 habitantes, ha aprobado por unanimidad modificar la zonificación para instalar allí un centro de datos que, según sus detractores, exprimirá hasta la última gota de agua y electricidad del sur de California.

De escenario cinematográfico a vertedero energético

Lo que fue sinónimo de ocio y consumo en los ochenta se ha convertido en un símbolo de la desmesura tecnológica. El complejo, que ya agoniza con tiendas vacías y pasillos fantasma, podría albergar baterías de litio y sistemas de refrigeración que consuman hasta 5 millones de galones de agua al día, el equivalente al uso doméstico de una ciudad de 50.000 personas. La ironía es demoledora: el mismo lugar que vendía ilusiones ahora podría secar acuíferos y disparar la factura eléctrica de los vecinos.

Mathew Ortega, residente en la zona, lo resume con una frase que duele: «Este centro traerá más cosas negativas de lo que puede aportar al vecindario». Se manifestó frente al ayuntamiento y advierte que el argumento de la «reactivación económica» es una falacia. «No hay empleos permanentes, solo ruido, contaminación y una infraestructura que no paga impuestos como corresponde», denuncia.

Nick Rabb, investigador de la Universidad Estatal de California en Los Ángeles, lleva meses documentando el impacto real de estos macroproyectos. «Se ha demostrado que los centros de datos, especialmente los utilizados para IA, consumen enormes cantidades de electricidad y agua», afirma. La cifra habla por sí sola: el Congreso proyecta que el consumo energético de estos centros podría duplicarse o triplicarse para 2028, representando hasta el 12 % del uso de electricidad en EE.UU. Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, ha reconocido que esta construcción está «impulsando al alza» la inflación.

California se ahoga mientras texas abre la llave

California se ahoga mientras texas abre la llave

El sur de California no tiene agua propia. Importa cada gota y aún así enfrenta sequías recurrentes. La idea de destinar millones de galones diarios a enfriar servidores suena a burla. En Vernon, a apenas 15 kilómetros, ya hay un centro en funcionamiento y otro en construcción. En Monterey, la presión ciudadana logró frenar un proyecto similar. Pero la oleada no cesa: 71 centros de datos ya operan en Los Ángeles, una urbe que respira los peores índices de contaminación del país.

Texas, en cambio, se ha convertido en el paraíso de la industria. El gobierno estatal ofrece incentivos fiscales y energía barata con tal de albergar la infraestructura del futuro. Virginia, Ohio, Illinois y Nueva York siguen el mismo camino, aunque la resistencia ciudadana crece. En Vermont, activistas han logrado que se debata una moratoria temporal. En Maryland, vecinos han denunciado que los centros de datos elevan la temperatura de los ríos cercanos y alteran el ecosistema local.

Rabb insiste en que la batalla no debe librarse en cada ayuntamiento. «Las autoridades estatales deben intervenir y no dejar las decisiones en ciudades pequeñas como City of Industry, donde la representación ciudadana es mínima». Su mensaje en redes sociales se ha viralizado: «No necesitamos volver del futuro para entender que estamos cavando nuestra propia fosa».

Mientras tanto, el Puente Hills Mall sigue ahí, medio vacío, como un dinosaurio de cemento esperando su sentencia. La película terminó con un «¡Volveremos!» prometedor. Esta vez, el guión no tiene efectos especiales ni banda sonora épica. Solo queda el ruido de los aires acondicionados y la promesa de un negocio que no genera empleo, no paga impuestos y sí consume recursos que California ya no tiene. El futuro, en este caso, huele a sobrecalentamiento y sabe a sequía.