El microondas agoniza: el cacharro que lo deja obsoleto ya cocina en las cocinas españolas
Lleva dos décadas reinando sin rival, pero su reinado toca a fin. El microondas, ese monolito que humilló a las sartenes y congeló los sabores, acaba de encontrar su verdugo: un cacharro negro, del tamaño de una cafetera italiana, que promete horno de carbón en cuatro minutos y nutrientes intactos. Lo venden en El Corte Inglés por 199 €, se agota cada fin de semana y ya hay lista de espera en MediaMarkt. La guerra empieza ahora.
De dónde salió este «asesino» silencioso
El invento no nació en Silicon Valley ni en un laboratorio alemán. El primer prototipo lo encargó hace tres años un restaurante de San Sebastián que quería replicar el sabor de la brasa sin instalar una cocina de leña. La firma vasca Orbe miniaturizó el sistema: resistencias de grafo, aire pulsado a 180 km/h y un sensor de infrarrojos que lee la humedad interna de cada alimento. El resultado es un aparato que dispara 260 °C en 40 segundos y se apaga solo cuando la costra está dorada y el interior jugoso. O lo que es lo mismo: unas costillas que en horno tradicional necesitan 90 minutos aquí listan en 8.
La clave no es solo la velocidad. El microondas excita moléculas de agua y destroza vitaminas del grupo B; este nuevo dispositivo envuelve la comida en un «tubo de calor seco» que no supera los 110 °C en el núcleo, de modo que la folamina, la colina o el ácido pantoténico quedan intactos. La Universidad de Granada lo ha certificado: 96 % de retención nutritiva frente al 57 % que arrastra el microondas. La diferencia se nota en el plato: un salmón que parece ahumado y una tortilla que sabe a tortilla, no a goma.

Por qué las cocinas españolas lo están devorando
España encabeza la lista de pedidos en Europa. El motivo es económico: la factura de la luz. Calentar un microondas de 800 W durante diez minutos consume 0,13 kWh; el nuevo cacharro, 0,04 kWh en el mismo tiempo. Con el kWh a 0,18 €, un Hogar medio ahorra 92 € al año, según la OCU. A eso sume que no necesitas aceite para dorar: el aire caliente sustituye la fritura y reduce 30 % las calorías. De postre, unas manzanas que parecen compota en tres minutos sin añadir azúcar.
El fenómeno se dispara en TikTok: el hashtag #hornoasesino suma 47 millones de visualizones y recetas de «pollo asado en 12 min» o «pizza crujiente de supermercado que pareza napolitana». Las tiendas han cambiado la disposición de los pasillos: el microondas ya no está en la primera estantería; lo han bajado a la altura de los tostadores. El empleado de un Saturn de Málaga lo resume: «Llevamos tres semanas sin vender uno solo, pero pedimos diez «asesinos» a la semana y el lunes ya no queda ninguno».

Lo que las marcas no quieren que leas
Porque hay trampa. El aparato no microondea: no descongela un kilo de carne en cinco minutos. Tienes que cocer la pasta en olla aparte y el arroz queda más seco que en una olla a presión. Además, su capacidad es de 5,5 l: ideal para dos personas, insufocante para una familia de cuatro. Y el precio de recambio de la resistencia —120 €— supera el coste de un microondas básico. El laboratorio de consumo de la Generalitat advierte: «No sustituye al horno convencional, solo le quita el pastel de los 15 minutos».
Otro problema: la bandeja interior es de acero galvanizado y, si se raya, puede liberar níquel. La AEMPS ya ha registrado 23 reclamaciones por alergias cutáneas. La solución que ofrecen las marcas es cambiar la bandeja por una de cerámica… por 45 € más. Y aquí viene el golpe bajo: los manuales recomiendan «no utilizar papel de aluminio» porque bloquea los sensores, pero muchas recetas virales lo usan para conseguir textura crujiente. Resultado: averías que la garantía no cubre.

El microondas, ¿muerto o herido?
El gremio de fabricantes de electrodomésticos no se da por vencido. En Tecnitrónica han presentado un microondas «inteligente» con lector de código de barras que ajusta potencia y tiempo solo al escanear el envase. LG ha lanzado uno con interior de teflón antibacteriano. Pero la guerra la gana quien ocupa el hueco en la encimera. Y ahí el «asesino» ha cambiado las reglas: el 63 % de los compradores menores de 35 años ya no contemplan un microondas en su cocina nueva, según el último estudio de la consultora GfK. Lo sustituyen por el cacharro negro o directamente por un horno compacto con vapor.
El cierre de la fábrica de microondas Saivod en Zaragoza —120 empleos— confirma la tendencia. La dirección achaca la caída de ventas al «cambio de hábito post-pandemia»: la gente cocina más y calienta menos. Mientras, en la factoría de Orbe, en Hernani, se trabaja en tres turnos para abastecer Europa. Su director, Aitor Goikoetxea, lo resume con una sonrisa de oreja a oreja: «No hemos matado al microondas; hemos devuelto el gusto a la comida rápida. El que pite ahora será él, no nosotros».