El mundial 2026 arranca entre redadas: ee.uu. deporta 8 veces más gente que la final de metlife

La FIFA prometió fiesta. Amnistía Internacional advierte que puede ser una trampa mortal. A 75 días del primer pitido en el Mundial 2026, el torneo que repartirá 104 partidos entre Canadá, México y Estados Unidos se ha convertido en un escenario de vigilancia extrema, deportaciones récord y prohibiciones de entrada que ya afectan a aficionados de cuatro países africanos.

El informe que nadie en la fifa quiere leer

La ONG publica 64 páginas tituladas La humanidad debe triunfar. El subtítulo es una sentencia: Defender los derechos y abordar la represión en la Copa Mundial de la FIFA 2026. El documento no se queda en la retórica. Pone nombres, cifras y fechas. Revela que Estados Unidos ha deportado a 500.000 personas en lo que va de 2025, ocho veces la capacidad del MetLife Stadium, donde se celebrará la final el 19 de julio. La cifra habla por sí sola: cada dos minutos, un ser humano es expulsado del país que acogerá la mayor fiesta del fútbol.

El responsable de la investigación es Steve Cockburn, director de Justicia Económica y Social de Amnistía. Su declaración más demoledora no necesita adjetivos: “Las autoridades estadounidenses han socavado las salvaguardias de debido proceso”. Traducción: los agentes de ICE y CBP —muchos enmascarados y armados— detienen sin orden judicial y deportan sin audiencia. El clima de miedo ya es parte del paisaje. Y la FIFA calla.

México responde con 100.000 militares y canadá desaloja a los sin techo

México responde con 100.000 militares y canadá desaloja a los sin techo

México, donde se jugarán 13 partidos, ha desplegado al ejército. La consigna oficial es seguridad, pero el informe documenta cómo esa presión militariza la protesta. Las mujeres del colectivo Justicia para Nuestras Hijas preparan una acción pacífica el 11 de junio en el Azteca. Su cartel no pide goles: pide verdad, justicia y reparación por los 115.000 desaparecidos del país. Temen ser confundidas con amenaza y acabar en el nuevo penal de Santa Martha.

Al norte, Canadá se lava la imagen con anuncios de Mundalético, pero Toronto cerró el 15 de marzo el refugio invernal para personas sin hogar que funcionaba en el parking del Exhibition Place. La razón: la FIFA reservó el espacio para actividades promocionales. Vancouver, sede olímpica en 2010, ya vivió el fenómeno: desalojos exprés, vallas anti-violencia y precios del alquiler que se dispararon un 40 %. La crisis habitacional actual es peor. El informe advierte que la repetición será más sangrante.

El veto que llegó por sorpresa

La última puñalada es la Proclama 10843 firmada por Donald Trump el 7 de abril. La medida suspende la entrada a EE.UU. de ciudadanos de Costa de Marfil, Haití, Irán y Senegal —todos clasificados— salvo que obtuvieran visado antes del 1 de enero de 2026. La excusa oficial: proteger la seguridad nacional. El resultado: miles de aficionados se quedan fuera. La FIFA, que se jacta de haber vendido 3 millones de entradas, no ha encontrado todavía la forma de devolver el dinero sin admitir que el veto es político.

Amnistía recuerda que la Carta de Derechos del Espectador de la FIFA garantiza ambiente seguro e inclusivo. Hasta ahora, ni la federación ni los comités organizadores han publicado un protocolo contra las redadas, la discriminación racial o la detención arbitraria. El silencio es ensordecedor. El riesgo, real. La final del MetLife podría celebrarse con estadios llenos y calles semivacías, vigiladas por drones y patrullas que preguntan por papeles antes que por el resultado.

El fútbol prometió unir continentes. La humanidad, advierte Amnistía, corre peligro de quedarse en la cuneta.