El mundial 2026 se jugará bajo la sombra de 130 000 desaparecidos y 43 muertos en jaulas de ice

Mientras el balón ruede el 11 de junio en el Azteca, 100 000 policías y 20 000 soldados vigilarán a los aficionados; fuera, las madres buscadoras alzarán sus fotos de hijos que nadie encontró. Amnistía Internacional ha destapado el cadáver bajo la alfombra: el torneo más lucrativo de la historia se inaugurará en medio de una emergencia de derechos humanos en los tres países anfitriones.

Estados unidos deportó a medio millón en 2025 y 43 murieron en sus celdas

La mitad de los 104 partidos se disputarán en territorio estadounidense y allí el informe documenta redadas «al estilo paramilitar», detenciones exprés y deportaciones que ya superaron las 500 000 solo el año pasado. Entre enero de 2025 y marzo de 2026, 43 personas fallecieron bajo custodia del ICE; la cifra habla por sí sola. El temor es real: durante el Mundial de Clubes de 2025 un aficionado fue arrestado por una falta civil y terminó expulsado del país sin juicio.

La advertencia se extiende a las gradas. Washington ha cerrado el visado a los seguidores de Costa de Marfil, Haití, Irán y Senegal, clasificados para el torneo. La excusa es «seguridad nacional»; el resultado, gradas que parecerán un club privado cuando suene el himno.

México, canadá y la libertad de prensa en el punto de mira

México, canadá y la libertad de prensa en el punto de mira

Al sur del río Bravo, los periodistas siguen siendo cazados: 13 asesinatos en lo que va de sexenio convierten a México en el país más letal para la prensa del hemisferio occidental. En el norte, la policía canadiense desmanteló acampadas pro Palestina y delimitó «zonas de exclusión» para que ni una pancarta entre al estadio. En Estados Unidos, estudiantes que protestaron por Gaza fueron dispersados con gases y cargas policiales.

El mensaje es claro: la pelota puede rodar, pero la palabra no.

El orgullo lgbtqi+ se queda en casa

Grupos de aficionados británicos y europeos han decidido no lucir colores en Estados Unidos ante leyes que criminalizan a personas trans. México, por su parte, fue el segundo país más mortal para la población trans en 2024. El estadio reluciente debería ser un santuario; será, para muchos, una trampa.

En el Azteca, el 11 de junio, las madres buscadoras planean un silencio que retumbe más que el grito de gol. Llevan años cavando fosas para que el Estado no tenga que hacerlo; ahora quieren que el mundo mire sus carteles mientras México y Sudáfrica patean el balón.

La FIFA guarda silencio. Su último plan de derechos humanos data de 2022 y no contempla ni una sola redada menos. Amnistía le ha enviado una hoja de ruta: suspender deportaciones durante el mes del torneo, publicar protocolos actualizados y garantizar que las cámaras filmen goles, no desapariciones. La respuesta, de momento, es un vacío que suena a silbido arbitral.

Quedan 72 días para el primer saque. El reloj corre más rápido que la justicia. Y cuando pite el árbitro, el marcador ya estará 130 000-0: los desaparecidos llevan la delantera.