El muro de netanyahu se resquebraja: cae 15 puntos el respaldo a la guerra contra irán
Jerusalén amaneció este lunes con una grieta en su espejo. El 78 % de los judíos israelíes sigue aplaudiendo los bombardeos sobre Irán, sí, pero esa cifra esconde un desplome del 15 % en apenas siete semanas. La primera encuesta tras el ataque conjunto con Washington —28 de febrero, ninguna provocación previa— muestra que la coalición de fuego que Netanyahu logró forjar empieza a deshacerse por dentro.

La fisura que naden en la izquierda judía ni en los ciudadanos palestinos de israel
El Instituto de la Democracia de Israel (IDI) llamó a 1.200 hogares entre el 22 y el 26 de marzo. El 11,5 % de los entrevistados judíos ya no justifica la ofensiva; entre los árabes israelíes la oposición trepa al 71 %. Son dos universos que apenas se miran, pero comparten la misma certeza: la guerra ya no se vende como defensa, sino como gesto electoral.
La lectura árabe es demoledora. El 55 % cree que Netanyahu se jugó la carta iraní para sobrevivir al tribunal y al presupuesto. En el lado judío, la mitad de la izquierda coincide. El primer ministro necesitaba un enemigo exterior antes que la Knesset le apretara las tuercas; Washington le prestó los aviones y la pantalla. Ahora, cuando los misiles ya no aparecen en prime time, la factura llega en forma de cadáveres anónimos —más de mil en Irán— y de preguntas que la televisión local se niega a hacer.
El dato que menos se comenta es el más elocuente: el respaldo árabe nunca fue mayoría, pero ha caído otros siete puntos desde principios de marzo. Ni siquiera en Nazaret o en los barrios de Haifa encuentran razones para mantener la ilusión de una guerra «preventiva». La grieta ya no separa solo a judíos de palestinos; separa a los que pagan el precio de los ataques de quienes los ordenan desde bunkers blindados.
Netanyahu puede celebrar que siete de cada diez israelíes judíos aún le ríen las gracias, pero el 15 % que se le escapa es la diferencia entre una nación que marcha a la guerra y otra que empieza a imaginar el día después. La última vez que un primer ministro perdió tantos enteros en tan poco tiempo fue en 2006, en Líbano, y el final de aquella historia todos en Jerusalén lo recitan de memoria: bombardeos, dimisión y un informe que nadie firmó.