El oviedo se lleva el oro asturiano mientras el fútbol le pide la carta de pago
Oviedo celebra y sufre al mismo tiempo. El Auditorio Príncipe Felipe despidió anoche con aplausos al Real Oviedo como mejor club asturiano de 2025, pero fuera, en la calle, los cafés ya hablan de la cuenta pendiente: el equipo masculino es colista de Primera y el femenino acaba de consumar el descenso. La contradicción es tan brutal como la vida misma.
Un trofeo que pesa más de la cuenta
Martín Peláez subió al escenario, sonrió, agradeció y cargó el mérito sobre la grada: «Esto es de la afición, que puede y ha podido con todo». Bonito, sí, pero la frase suena a eslogan de campaña cuando la tabla marca nueve jornadas para evitar el abismo y ocho puntos separan al conjunto azul de la salvación. El regreso a la élite, tras 24 años de penitencia, se le está atragantando en su propio plato fuerte.
La gala, organizada por la Dirección General de Deporte y la Asociación de la Prensa Deportiva asturiana, quiso premiar un 2025 de récords: el filial ascendió, el femenino también (luego cayó) y el club cumplió cien años de historia. Todo en el mismo año. Algo así solo pasa en las familias numerosas donde alguien saca la carrera y otro se casa y otro se va al extranjero: hay alegría colectiva, pero también facturas individuales.
Lo que nadie mencionó en el cénit del brindis fue la deuda deportiva con la categoría. Al primer equipo le quedan tres meses para demostrar que la fiesta del ascenso no fue un espejismo. El domingo recibe al Sevilla en el Carlos Tartiere; si pierde, el milagro se aleja hasta el infinito.

El fútbol femenino, de la gloria al pozo en tres meses
Mientras los flashes blindaban al presidente, las chicas del Oviedo ganaban a Osasuna pero firmaban su sentencia: Segunda RFEF a partir de septiembre. Peláez, preguntado por el batacazo, se refugió en la filosofía del accionista mexicano: «En el Grupo Pachuca no hay fracasos, hay lecciones». La frase huele a power point en una sala de juntas; en el vestuario, a sudor y contratos que se rompen.
El ascenso del femenino fue portada en agosto, la plantilla se ilusionó, la directiva anunció «proyecto de élite» y, sin embargo, la pelota no entendió de presupuestos. Tres meses después, la masa salarial sigue igual pero las rivales ya no son el Lagunak o el Alavés Glorias, sino equipos con presupuestos de bolsillo y ganas de bulldozer.
El club celebra su centenario con una tienda nueva y una línea de merchandising vintage; fuera, los pequeños comercios de la calle Uría temen que la Segunda División masculina —o peor, el descenso— les devuelva la rutina de los domingos sin clientes. La hostelería ovetense sabe que un gol en el 93' puede decidir si llenan la cerveza o la resignación.
La próxima jugada se escribe en 90 minutos
El presidente habló de «futuro», de «impulsar», de «seguir». Palabras que suenan a horizonte cuando el presente es un precipicio. La afición, esa que «puede con todo», compró 20.000 abonos antes de que el balón rodara; ahora hay quien vende su entrada de Septiembre en Wallapop a mitad de precio. La fe tiene fecha de caducidad y se llama mayo de 2025.
El Sevilla llegará con su propia crisis, pero también con jugadores que han tocado el césped de Champions. Si el Oviedo gana, la esperancia respirará 90 minutos más. Si cae, la estadística se volverá una losa: ningún colista ha salvado la categoría en Primera tras ir a -8 a falta de nueve jornadas desde hace 25 años. La historia, a veces, es cruel con los que se creen inmortales.
Entretanto, el trofeo sigue en el escaparate del club. Brilla, pero también refleja el espejo de una ciudad que premia el pasado mientras su fútbol juega el futuro a cara o cruz. Oviedo celebra, pero no olvida: el premio es hoy, la cuenta regresiva, mañana.