El país vasco lanza a órbita su lavadora espacial y entra de lleno en la cartera de musk

Una lavadora de 115 kilos acaba de convertirse en el quemoño que el País Vasco clava en la órbita terrestre. A las 13:02 horas de este lunes, el microsatélite ‘Innosat Unamuno’ despegó desde Vandenberg (California) a bordo del Falcon 9 de SpaceX, y con él se escala la apuesta de la empresa vizcaína Satlantis por convertirse en un proveedor de ojos hiperespectrales para el planeta.

La misión que esconde un filósofo

El nombre no es casual: Miguel de Unamuno viaja ahora a 500 km de altura para observar lo que el escritor bilbaíno apenas imaginó: la huella del ser humano sobre la Tierra medida fotón a fotón. El satélite compartió lanzamiento con otras 118 cargas útiles en la misión Transporter-16, una especie de Uber espacial que SpaceX convierte en negocio rentable desde 2021. Pero hay un detalle: Satlantis no paga por un asiento entero, sino por un cajón dentro del maletero común. Eso abarata el ticket y permite a la compañía donostiarra ofrecer imágenes de 0,75 m de resolución a un precio que pulveriza el mercado institucional.

El Gobierno Vasco, que controla un 6,45 % del capital, ha convertido la tecnología espacial en un caballo de batalla de su estrategia Basque Space. Desde 2013, Satlantis ha facturado 42 millones de euros y emplea a 70 ingenieros en el campus de Leioa. La clave: miniaturizar telescopios hiperespectrales que antes ocupaban un autobús espacial hasta hacerlos caber en una maleta. El resultado es un sensor capaz de detectar la humedad de un campo de maíz o la contaminación de un río sin que el cliente tenga que esperar la siguiente pasada de Sentinel-2.

Nueve años de vida útil y un contrato que no aparece en los papeles

Nueve años de vida útil y un contrato que no aparece en los papeles

La vida útil del aparato ronda los nueve años, una eternidad en el negocio New Space, donde los CubeSats suelen morir antes de los tres. Pero lo que nadie cuenta es que el cliente principal —una agencia europea que firma bajo contrato marco— ya ha reservado el 60 % de la capacidad de observación. El resto se venderá a gobiernos regionales, empresas agrícolas y ONGs que necesitan ver cómo se evaporan los glaciares o cómo crecen los barrios chabolistas. El precio: entre 5 y 15 euros por kilómetro cuadrado, según la urgencia. La cifra habla por sí sola: es tres veces más barato que Airbus y cinco que Planet.

Mientras tanto, en la sede de Leioa, los técnicos ya trabajan en Ñ-Sat, una constelación de seis microsatélites que volarán en 2026 y que prometen revisar cualquier rincón del planeta cada seis horas. El objetivo: convertir al País Vasco en el primer hub de datos espaciales en lengua española. La ironía es que para lograrlo necesitan la red de Musk, el mismo hombre que puso en órbita su primera prueba de concepto en 2020. Depender del enemigo para crecer: Unamuno firmaría la contradicción con una sonrisa.