El pp desata la guerra contra el 100.2: gamarra acusa a sánchez de soltar etarras por pura supervivencia
Cuca Gamarra ha cargado este viernes contra el Gobierno con la misma furia con la que ETA soltó los disparos en su día. La número dos del PP ha exigido «cambiar ya» el reglamento penitenciario después de que Ángel Tellería Uriarte, condenado por el asesinato del teniente coronel de la Guardia Civil Ramón Romeo Gil, salga de la cárcel de Zaballa de lunes a viernes gracias al artículo 100.2. La excusa técnica: un régimen de semilibertad que, según Gamarra, es «la factura» que Sánchez paga a Bildu para seguir en La Moncloa.
El 100.2 se convierte en arma arrojadiza
La dirigente popular no ha necesitado demasiados minutos para conectar los puntos: Tellería, Iparraguirre, el próximo en la lista será, según su guión, 'Txapote'. «Eso fue 'Anboto' esta semana, para celebrar la guerra, supongo», espetó ya el miércoles Alberto Núñez Feijóo en el Pleno del Congreso. El mensaje es claro: cada etarra que pisa la calle es un titular que alimenta la narrativa de un Ejecutivo que negocia con la memoria de las víctimas.
Detrás de la cortina de humo hay una cifra que Gamarra repite como un mantra: 400 asesinatos de ETA sin resolver. Lo que nadie cuenta es que el artículo 100.2 no nació ayer; lleva déculas en la LOGP, pero ahora se activa con la misma facilidad con la que se cambia de canal. El Gobierno vasco asume la competencia y el PP estalla: «Han convertido la política penitenciaria en un instrumento a su servicio», ha dicho la vicesecretaria, que habla de «corrupción política y moral» sin pestañear.

El congreso, nuevo campo de batalla
El partido ya ha registrado una proposición no de ley para blindar la prisión permanente revisable y, de paso, cercar el acceso a beneficios de los condenados por terrorismo. La jugada es doble: por un lado, aprieta la tuerca a Sánchez; por otro, ofrece un vendaje legal a las familias que ven cómo los asesinos de sus seres queridos se acercan a casa. El problema es que los etarras que ahora disfrutan del 100.2 no fueron condenados a cadena perpetua —la norma llegó en 2015—, así que la reforma tendría efecto retroactivo limitado. Pero el ruido ya está servido.
La izquierda abertzale, mientras tanto, celebra en silencio cada permiso. Bildu no necesita erigirse en portavoz de las libertades: le basta con que el PP se enroque en su papel de guardián de la memoria. Así se cierra el círculo: unos soltando presos, otros clavando cruces. Y en medio, los penitenciarios de Zaballa calculan días de estancia y horas de salida como quien marca la próxima cita electoral.
La cuestión ya no es si Tellería regresa a la cárcel cada noche; es cuántas noches más Sánchez puede dormir en el Palacio de la Moncloa sin que le tiemble el colchón. El 100.2 ya no es un artículo: es el espejo donde el Gobierno ve su propia debilidad y la oposición, su mejor arma de campaña.