El psoe blinda a montero: mantendrá el 'número dos' y su escaño hasta la investidura

El PSOE ha decidido esta vez no arriesgar su ficha más valiosa. María Jesús Montero seguirá siendo vicesecretaria general del partido, secretaria general en Andalucía y, sobre todo, diputada en el Congreso hasta que el Parlamento andaluz le exija abandonar la Camela baja. La operación, confirmada por Emma López, permite a la exministra de Hacienda conservar su plaza de funcionaria y, de paso, blindar la estrategia federal ante un 17 de mayo que empieza a oler a batalla campal.

El truco del alfil: escaño, cargo y sueldo bajo tres sombreros

Montero acumula tres carnés: la libreta de diputada nacional, la tarjeta de 'número dos' del PSOE y la llave de la sede andaluza. Un tridente que le garantiza ingresos, poder y, sobre todo, un seguro de vida política. La lógica es brutal: si el 17-M el PSOE hace un ridículo histórico, ella regresa a su escaño sin pasar por el paro. Si gana, el Congreso quedará en un suspiro y el partido conservará la llave de la vicepresidencia del Gobierno desde la calle San Vicente.

La jugada no es nueva, pero sí descarada. En la sesión de control del pasado miércoles, Montero ya avisó: no pienso soltar la poltrona hasta que no me saquen de allí con pies de plomo. La frase, dicha entre sonrisas, escondía un mensaje interno: el PSOE no contempla ni un segundo de vacío de poder. Mientras tanto, el PP de Moreno Bonilla frota las manos: cada día que ella permanezca en Madrid es un día menos de campaña en tierra andaluza.

Las encuestas que nadie quiere leer

Las encuestas que nadie quiere leer

La portavoz adjunta del PSOE se negó a valorar los barómetros que sitúan a los socialistas terceros en Cádiz o Huelva, por detrás de Vox. Su argumento es de manual: «En los últimos procesos hemos superado las expectativas». Lo que no dijo es que, en 2018, el PSOE ya rozó el batacazo andaluz y se salvó por un puñado de votos en Málaga. La frase huele a eslogan de guerra: «Las encuestas quieren desmovilizar al votante socialista». Traducción: si al final perdemos, la culpa será de los sondeos, no de la candidata.

El dato que nadie menciona en Ferraz: el PSOE ha perdido 380.000 votos en Andalucía desde 2015. La fuga se aceleró tras la moción de censura a Susana Díaz y la llegada de Moreno al Palacio de San Telmo. Montero llega, pues, a una tierra donde el voto socialista ya no es herencia, es préstamo. Y el plazo se vence en 48 días.

La sanidad como moneda de cambio

La sanidad como moneda de cambio

Emma López sacó el tamiz ideológico: «Se juega la sanidad de todos los andaluces». La frase, repetida hasta la saciedad, busca convertir cada cama de hospital en una papeleta. El PP responde con la carta de los 2.000 millones invertidos en nuevos hospitales durante la pandemia. La ciudadanía, entre tanto, solo quiere saber cuánto le costará la próxima revisión médica. El pulso será brutal: 8,4 millones de andaluces decidirán si la gestión sanitaria se la queda Madrid o se la devuelve a Sevilla.

La campaña arranca con un dato incómodo: el 54 % de los andaluces cree que la sanidad ha empeorado en los últimos tres años, según el CIS. El PSOE necesita revertir esa percepción en menos de dos meses. Montero, que fue consejera de Salud en la Junta, tendrá que defender una gestión que muchos votantes recuerdan por los recortes de 2012. El círculo se cierra: ella fue la tijera, ahora quiere ser la cura.

Cierre de cuentas en san telmo

El reloj corre. Montero mantendrá su escaño, su sueldo y su poder hasta el último minuto. El PSOE apuesta todo a una carta: la estabilidad de la exministra frente a la inestabilidad del electorado. Si gana, la jugada pasará a los manuales de estrategia. Si pierde, habrá que explicar por qué una candidata que nunca dejó Madrid fue enviada a reconquistar Andalucía. La próxima vez que baje al sur, quizá ya no tenga tres cargos, ni dos, ni uno. Solo el recuerdo de una promesa: «Nosotros a lo que vamos es a ganar». La frase quedó grabada en la hemeroteca. El resultado, en las urnas.