El último 'viejo' de silicon valley: 50 años en apple
Chris Espinosa no es un nombre que resuene en los salones de poder de Silicon Valley, ni lo está en las portadas de Forbes. Pero su historia, la de un joven que a los 14 años se subía en una Puch para demostrar la primera computadora apple, es una cápsula del tiempo que nos habla de la metamorfosis de una startup en el gigante tecnológico que conocemos hoy. Y lo más extraordinario: lo ha vivido desde dentro, durante los últimos 50 años.
Un kilómetro y medio que cambió la historia
Imaginemos la escena: 1976, Silicon Valley aún lejos de ser el cementerio de oficinas que conocemos. Chris Espinosa, con su bicimoto Puch, recorría un kilómetro y medio cada miércoles para trabajar como demostrador del apple I. Un trabajo modesto, sí, pero crucial para que Steve Jobs y Steve Wozniak pudieran vender sus creaciones. Con apenas 14 años, y sin carné de conducir, Espinosa se convirtió en el empleado número ocho de una empresa que ensamblaba computadoras a mano en la casa donde Jobs se crió. La premisa era sencilla, pero la incertidumbre, palpable: ¿la gran idea se traduciría en clientes? ¿El crecimiento sería sostenible?
Hoy, apple cumple medio siglo. Un hito que se celebra con la valoración de 4 billones de dólares, unos beneficios anuales de más de 100.000 millones y 2.500 millones de dispositivos en uso en todo el mundo. La mitología en torno a Jobs, cuya idolatría ha trascendido su fallecimiento en 2011, es tan intensa que ha inspirado dos películas, una de ellas nominada al Oscar. Pero más allá de los números y la fama, la historia de Espinosa es un recordatorio de la fragilidad inicial de la innovación y la persistencia necesaria para llegar a la cima.
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De la bicicleta al apple tv: un viaje de supervivencia
Espinosa no se limita a recordar el pasado. Su presente sigue ligado a apple, trabajando ahora en el sistema operativo del apple TV. Un trayecto que incluye un paréntesis en la Universidad de California, Berkeley, donde incluso a tiempo parcial seguía quemando las pestañas escribiendo el manual de usuario del Apple II, un documento de más de 200 páginas. ¿Cómo logró sobrevivir a la turbulenta década de los 80, tras la salida de Jobs? “Me preguntaba qué iba a hacer, porque no tenía estudios universitarios y solo había trabajado en una empresa”, confesó Espinosa. Su respuesta: “Estaba aquí cuando encendimos las luces. Más vale que me quede hasta que apaguemos las luces”.
Y así lo hizo. Espinosa ha sido testigo de la arrogancia inicial, del declive casi fatal, y del resurgimiento glorioso con el regreso de Jobs en 1997 y la posterior explosión del iPod y el iPhone. Un contraste que define la historia de la electrónica de consumo. Pero no todos los que llegan a Silicon Valley tienen la misma paciencia o la misma visión. Espinosa critica la cultura del “buscavidas”, aquellos que buscan la próxima burbuja para salirse antes de que explote, en lugar de construir algo sólido y duradero.
“El modelo que existe no está hecho para la estabilidad, no está hecho para hacer las cosas en interés del cliente”, afirma Espinosa. Una crítica mordaz a un ecosistema donde la lealtad se mide en trimestres y la innovación, a menudo, se sacrifica en el altar del beneficio inmediato. La historia de Chris Espinosa, el último ’viejo’ de Silicon Valley, nos recuerda que el verdadero éxito no se mide en valor de mercado, sino en la capacidad de permanecer fiel a los principios, incluso cuando el mundo cambia a tu alrededor.