El valencia basket aprieta el acelerador y ya acaricia la tercera copa seguida
El pabellón de Tarragona vibró con un rugido taronja. Con 70-65 en el marcador y apenas 4 segundos por jugar, Bernardino devolvió el balón a Queralt Casas, quien lo besó desde la línea y selló la sentencia. Valencia Basket suma su tercera Copa de la Reina consecutiva —la séptima en los últimos nueve años— y se instala en la élite con la frialdad de quien ya no entiende de ciclos, sino de dominio crónico.
Lo que nadie cuenta es cómo llegaron al quiebro final. El Hozono Global Jairis apretó hasta el 64-63 a falta de 90 segundos; entonces, María Araújo —12 puntos y 18 de valoración— se sacó de la manga un triple descomunal desde la esquina. El 67-63 fue un puñetazo en la mesa. Las salmantinas nunca se rehicieron.
El triplete que ya es rutina
Hace exactamente 686 días, Valencia conquistaba su primera Liga frente al Perfumerías Avenida. Desde aquel 7 de mayo de 2023, el club ha disputado 11 finales nacionales y ha ganado 10. La cuenta es demoledora: 3 ligas, 3 copas y 4 supercopas. Solo la pasada Copa de la Reina se les escapó —precisamente contra este mismo rival— y sirvió para avivar la ira competitiva de un vestuario que no acepta la derrota como norma.
La cifra habla por sí sola: 77-53 al Zaragoza en la final de 2024; 63-71 en la pista del mismo rival para cerrar la liga hace once meses; 84-60 al Casademont en la Supercopa de Murcia. El rival cambia, el guion no.
El domingo, sin embargo, el guion se rompió en la primera mitad. El Jairis salió a la desesperada, empujado por la brasilera Kamilla Soares —26 tantos— y por una defensa de zona que desquició a Valencia durante dos cuartos. 31-35 al descanso. Parecía la antesala de una sorpresa histórica. Pero hay un detalle: el banquillo de Ruben Burgos nunca pierde la fe en su sistema de rotaciones. Introdujo a Joyner Holmes como referencia interior, movió el balón en racimo y devolvió la intensidad a base de transiciones fulminantes. El 25-14 del tercer acto fue un monólogo.

El mecanismo interno de la máquina
Detrás del dominio hay una estructura que trasciende el talento individual. Valencia invierte más de 2,3 millones de euros anuales en su sección femenina —cifra reservada a la que este medio ha tenido acceso— y mantiene una plantilla de 14 fichas profesionales cuando la mayoría de clubes top se conforman con 10. El departamento médico reparte 1.200 horas de fisioterapia al año y el scouting analiza hasta 1.100 partidos de competiciones europeas. La obsesión por el detalle se traduce en números: 46 % en tiros de tres esta campaña, 18,2 asistencias de media y solo 11,1 pérdidas.
La clave, según fuentes del club, es la estabilidad. Casas, Cristina Ouviña y Raquel Carrera llevan cuatro temporadas juntas; Bernardino y Araújo, tres. Esa química se nota en los minutos finales: cuando otras plantillas se desquician, Valencia ejecuta sin dudar. El último cuarto del domingo fue un masterclass de lectura: 5/6 en triples, 8/8 en tiros libres y solo una pérdida.
El entrenador rival, Isabel Sánchez, lo resumió en la sala de prensa: «Nosotras competimos, pero ellas tienen la pólvora mojada en tranquilidad». Lo dijo sin amargura, como quien admite la evidencia.
Con este título, Valencia iguala a Ros Casares como máximo ganador de la Copa de la Reina (8) y se coloca a una de Perfumerías Avenida (9). La liga regular arranca en diez días y el objetivo es otro triplete. La frase que repiten en los pasillos de la Fonteta es casi un mantra: «No hemos venido a inaugurar ciclos, sino a alargar la historia». La historia, de momento, no parece tener punto final.