El valencia basket femenino desata la fiebre taronja con su décima copa
Media hora. Eso es lo que tardarán las jugadoras del Valencia Basket en pasar del avión al abrazo de 4.000 taronjas que ya esperan en el Roig Arena. La Copa de la Reina viaja esta noche desde Tarragona y amanecerá en manos de la patrona de la ciudad antes de convertirse en el primer trofeo que el equipo femenino alza en su nueva casa.
Una final sin margen para el error
El domingo fue un día de esos que se graban en la memoria colectiva. El Hozono Global Jairis plantó cara durante tres cuartos, pero el último fue un monólogo taronja. El 67-54 final no refleja los 38 minutos de sudor que precedieron al desahogo, pero sí la certeza de un dominio que el Valencia Basket ha construido despacio, fichando a piezas como Raquel Carrera o María Araújo y apretando el acelerador cuando el reloj marcaba 38-30 contra.
Lo que nadie cuenta es que el club llegó a Tarragona con solo nueve jugadoras disponibles. Una gripe fulminante dejó fuera de la convocatoria a dos titulares y el cuerpo técnico tuvo que rediseñar la rotación sobre la marcha. La respuesta fue un parcial de 20-8 que sepultó a las catalanas y encendió la mecha de la fiesta.

La cifra habla por sí sola: 4.000 abonados
El Valencia Basket femenino ha multiplicado por diez su masa social en seis años. Cuatro mil abonados para un equipo que jugaba ante doscientos espectadores en la Fonteta. El traslado al Roig Arena —15.600 butacas, wifi de fibra y una pantalla 4K de 200 m²— ha convertido cada partido en un evento de rentabilidad casi segura: el club factura 400.000 euros solo en taquilla por jornada cuando llena el pabellón al 60%.
Pero hay un detalle que el club no publicita: las entradas para la final de la Copa se agotaron en 52 minutos, y el 42% de los compradores nunca antes había pisado un partido de la Liga Femenina. La estrategia de marketing viral que empezó con reels de rookies cantando en ducha acabó traduciéndose en 1.200 camisetas vendidas el mismo día de la final.
El lunes, la liturgia será la de siempre: ofrenda a la Mare de Déu, autobús descapotable por la avenida del Oeste y discursos de rigor. Pero la novedad es el escenario. La Fonteta se quedó pequeña; el Roig Arena estrena vitrina con un trofeo que pesa 3,8 kilos y que ya luce un pequeño hueco grabado: «Temporada 24-25, por la undécima».