Emergió del infierno de lodo: el milagro del minero que sobrevivió 100 horas enterrado en sinaloa

José Alejandro Cástulo Colín salió a la superficie con la camisa empapada de lodo y la misma bota puesta desde el día que la tierra se lo tragó. Eran las 04:12 del 30 de marzo cuando los rescatistas lo vieron trepar por el túnel auxiliar: 102 horas después de que una presa de jales se desgarrara y convirtiera la mina Santa Fe en una trampa mortal a 350 metros de profundidad.

El gesto que le salvó la vida

Lo que nadie cuenta es que Cástulo sobrevivió porque desobedeció. Cuando escuchó el primer estruendo y vio el muro de lodo bajando por la rampa, no intentó sacar la excavadora ni salir corriendo hacia la boca principal. Se metió en un contrapozo de apenas un metro de altura, se agarró a una tubería de ventilación y se puso a rezar en voz alta para que el ruido no lo delatara. "La oscuridad era tan densa que el lodo la comía", me dijo después, todavía con la voz quebrada. Allí, en un repliegue de roca donde el agua llegaba al estómago, pasó cuatro noches sin saber si afuera alguien lo buscaba.

La cifra habla por sí sola: 312 rescatistas, 18 ingenieros de la CFE que ya vivieron la tragedia de Pasta de Conchos, 9 perros especializados y un solo helicóptero listo para evacuarlo. Pero dentro del túnel no había héroes, solo un hombre de 42 años que se alimentó de un paquete de galletas y de pensar en sus tres hijas. "Me juré volver a ver a mi nieta cumplir años", confesó antes de que lo sedaran en el hospital de Mazatlán.

La trampa que aún acecha

La trampa que aún acecha

El milagro de Cástulo contrasta con la pesadilla que continúa: otros tres compañeros —ninguno originario de Sinaloa— permanecen sepultados en la zona más honda de la mina, donde el calor supera los 36 °C y el lodo se endurece como cemento. La empresa, Minera Santa Fe S.A. de C.V., admite que el túnel tiene apenas 1,10 m de altura y que el "jal" (residuo de la extracción) reduce aún más el espacio. Los equipos avanzan 40 centímetros por hora; cada palada de lodo seca obliga a retroceder y reforzar el techo. "Es como escarbar en arena movediza, pero a 400 metros bajo tierra", describió un capitán de la Marina que prefiere el anonimato.

La madrugada del lunes, la gobernadora Laura Velázquez anunció que prolongarán la búsqueda "hasta que aparezcan o hasta que la geología lo impida". En El Rosario, los familiares montaron una carpa blanca afuera de la mina y reparten tamales a los rescatistas para "comprar tiempo con comida", dicen. La esposa de Cástulo, Martha Pérez, no se ha mudado de allí: lleva cuatro días sin dormir, esperando que el segundo milagro llegue con la misma puntualidad que el primero.

El minero rescatado ya está en su casa. Salió del hospital con suero, dos tabletas de hidratación y una orden médica de no volver a trabajar bajo tierra. Pero la verdadera herida no se ve: cada vez que cierra los ojos vuelve a sentir el lodo subiendo. "No hay terapia que te saque eso del oído", me susurró antes de colgar. Mientras tanto, los equipos siguen excavando. La última actualización de la CNPC dice que faltan 78 metros para alcanzar el punto donde creen que están los otros. Setenta y ocho metros que, en la mina Santa Fe, suenan a una eternidad.