Enfermeras desarmadas: solo 6% domina los biosimilares que ahorran miles al sns

La historia se repite cada mañana en los pasillos de la sanidad pública. Una paciente con artritis reumatoide pregunta a su enfermera si el nuevo medicamento —ese que no es el de siempre— es tan seguro. La respuesta se queda a mitad de camino entre la duda y la prudencia. El 94% de las enfermeras españolas no puede asegurarle que el biosimilar que sostiene en la jeringa es un hermano gemelo del fármaco original. Solo 6% tiene certeza. El resto navega a ciegas.

El agujero del 68,7%

El Consejo General de Enfermería (CGE) acaba de destapar la caja de Pandora con datos del Instituto Español de Investigación Enfermera. La brecha no es un simple desconocimiento: es un abismo. El 68,7% de los profesionales señala la falta de formación como la barrera «más significativa» para usar biosimilares. No es miedo al cambio; es ignorancia institucional. Mientras tanto, el dinero público se escurre por el desagüe de los medicamentos de marca.

Los biosimilares son la versión genérica de los fármacos biológicos, solo que más barata. Un ahorro que ronda el 30% por tratamiento. Con ese margen, el SNS podría financiar 2.000 nuevas quimioterapias al año. Pero la calculadora se estrella contra la pared de la desconfianza. Solo el 22,6% de las enfermeras cree ciegamente en su seguridad. El resto prefiere seguir facturando con el cartucho de siempre.

Formación exprés en el 14,2%

Formación exprés en el 14,2%

La solución parece sencilla: enseñar. Pero la realidad es una burla. Solo el 14,2% de las enfermeras accede a cursos sobre biosimilares dentro de su hospital. Y de ese puñado, solo el 9% recibe clases impartidas por especialistas de la industria. El resto se conforma con diapositivas rápidas y folletos de laboratorio. Así se construye la ignorancia de Estado.

El CGE no pide milagros. Exige programas actualizados, profesores que hayan tocado un frasco de adalimumab y pacientes que puedan preguntar sin que les respondan con evasivas. La enfermera que inyecta es la misma que calma, que explica, que detecta reacciones adversas. Si ella duda, el paciente se niega. Y la factura sanitaria se dispara.

La ironía es cruel: España lidera la producción de biosimilares en Europa, pero sus propias enfermeras desconocen cómo usarlos. Mientras la industria exporta millones de dosis, aquí seguimos pagando el precio de la marca. La paciente de artritis se irá a casa con su dosis original. El SNS habrá gastado 1.200 euros más. Y la enfermera, de nuevo, tendrá que inventar una respuesta que no la atrape la duda.