Catherine o’hara firmó el salvoconducto que cambió la vida de emily hampshire en hollywood
Emily Hampshire subió al escenario del DGA Theater de Los Ángeles con la greña alborotada y la voz quebrada. No hablaba de su película. Hablaba de la mujer que la dejó sin llave verde: Catherine O’Hara, la única que respondió «claro, mañana lo envío» cuando el gobierno de Estados Unidos exigía un aval con raíces canadienses para que Hampshire pudiera quedarse. Fue 2012. La residencia se la concedieron en 2013. La nacionalidad, en septiembre de 2014. O’Hara murió en enero a los 71 años, pero su firma sigue viva en el pasaporte azul de Hampshire.
Una carta de recomendación que vale más que cualquier contrato
Hampshire lo cuenta así: «Estaba en mi apartamento de West Hollywood, rodeada de papeles que parecían escritos en idioma de abogados, y Catherine me escribió desde Toronto: “Por supuesto, lo que sea”». La actriz de Schitt’s Creek no era su madre en la ficción todavía; era una colega que la había visto actuar en The Life Before This en 1999 y decidió que Hollywood no la iba a expulsar por falta de padrinos. La declaración jurada de O’Hara fue tan contundente que el abogado de inmigración de Hampshire guarda una copia enmarcada en su despacho: dos párrafos, tinta negra, sin una sola floritura. «Eso es ser familia», dice la actriz.
El gesto no fue aislado. Dan Levy recuerda que su padre, Eugene, firmó el primer contrato de O’Hara en 1974. Ella devolvió el favor cuarenta años después con su apellido prestado a una generación entera de cómicos canadienses que llegaban sin seguro médico ni agente. «Catherine entendía que el éxito es un pasaporte que se renueva con otra estampida», publicó Levy en Instagram el día del funeral. La publicación sumó 2,3 millones de likes. El mensaje privado que le envió a Hampshire fue más breve: «Ahora sí, trabaja como si no hubiera mañana».

De cannes a la cola del uscis en un solo trámite
El 21 de mayo de 2012, Hampshire pisó el red carpet de Cannes para recoger el Birks Canadian Diamond Award. Diez días después estaba en la oficina de migración de Los Ángeles entregando la carta de O’Hara. La cronología es brutal: premio, aval, residencia, ciudadanía. «En este pueblo te dan la medalla y luego te piden el pasaporte», bromea la actriz. El trámite costó 1.070 dólares en tasas y cero en influencias. El único “enchufe” fue la voluntad de una estrella de primera fila que no necesitaba ni firmar autógrafos para abrir puertas.
Hampshire se mudó a Hollywood en 2007 con una maleta y el guión de It’s a Boy Girl Thing. Durante cinco años vivió con visa O-1, la de «extraordinaria habilidad», pero sabía que un cambio de administración podía dejarla fuera. La green card le llegó justo cuando el país discutía la reforma migratoria y los casting directors empezaban a pedir «estatus verificado». «Catherine me salvó del timer del ICE antes de que el timer existiera», resume.

El estreno que se convirtió en un acto de agradecimiento
El 27 de marzo, Hulu estrenó Mike & Nick & Nick & Alice. En la ficción, Hampshire interpreta a una policía corrupta que se hace pasar por inmigrante para escapar de la justicia. La ironía la mató. Durante la premiere, la actriz no habló de personajes ni de taquilla. Habló de la mujer que le enseñó que «ser canadiense en Hollywood es un superpoder si alguien te presta su firma». Vince Vaughn, que hace doble papel en la cinta, confiesa que no entendía la devoción hasta que vio a Hampshire guardar un programa de mano de 1999 con la firma de O’Hara: «Me dijo: “Esto es mi licencia de existir en este país”».
La sala quedó en silencio. Después, aplausos. No eran por la película. Eran por la evidencia de que en Los Ángeles, donde todo se negocia, todavía hay tratos que se cierran con un «por supuesto».