El hijo de schwarzenegger sube al escenario y gana: el legado de hierro cambia de piel
Joseph Baena estiró los bíceps, sonrió a la multitud y el juez le entregó tres medallas de oro. El 28 de marzo, en el gimnasio abarrotado del NPC Natural Colorado State, el apellido que llevó al culturismo a las pantallas de cine volvió a rugir, pero esta vez con acento de milenial.
El escenario era el mismo donde sus compañeros de gimnasio apenas lograban colocar entre los diez primeros. Baena, hijo no reconocido públicamente por Arnold Schwarzenegger hasta 2011, se llevó el peso pesado, el clásico principiante y el absoluto principiante. Tres categorías, tres trofeos. La foto que colgó en Instagram acumula 400 000 corazones y una única frase: «Misión cumplida».
Entrenar con el mito cuesta sudor y apellido
Semanas antes, papá e hijo compartieron mancuerna en el Gold’s Gym de Venice, el templo donde Schwarzenegger moldeó los músculos que le abrieron las puertas de Hollywood. Allí, entre pesas oxidadas y pósters de competencias de los 70, el ex gobernador de California le pasó la rutina que lo hizo Mr. Olympia siete veces. Baena, que mide 1,86 m y bajó de 106 kg a 93 kg de puro fibra, no solo copió los ejercicios: copió la disciplina de levantarse a las 5:00 a.m. y anotar cada repetición en un cuaderno azul que heredó de su padre.
Lo que no aparece en las fotos es el contrato no escrito: ningún entrenador del gimnasio puede cobrarle al chico Schwarzenegger. «Es cliente cero», murmura un asistente mientras observa a Baena hacer fondos entre dos bancas. El privilegio genera resquemores. «A ver si gana sin el apellido», comenta un competidor que prefiere no dar su nombre. La ironía: en la prueba de Colorado no se permite la utilización de sustancias prohibidas, lo que neutraliza cualquier ventaja farmacológica y deja la victoria en manos de la genética y la constancia.

De gordito a gladiador: la venganza del niño que nadie quería en su equipo
Baena ya había ganado antes, aunque no sobre un escenario. En la secundaria lo apodaban «el bolillo» y lo dejaban fuera de los equipos de básquetbol y fútbol americano. «No podía correr dos minutos sin que se me doblaran las rodillas», contó en una entrevista de 2022. Su refugio fue la piscina: allí no hay pruebas de selección, solo agua y brazadas. Nadó hasta perder 20 kilos y descubrió que los músculos responden si se les grita en alemán, como hacía su padre en los videos de YouTube que veía en el sótano de su casa en Bakersfield.
El bullying no terminó con la adolecencia. Cuando estrenó su primer papel protagónico en la película Chariot (2022), los críticos lo acusaron de «casting por apellido». La respuesta llegó en forma de cuadriceps tallados: «No me dieron el trofeo por ser Schwarzenegger, me lo dieron por marcar un cuádriceps que se ve desde el fondo del teatro», dice entre risas mientras se toma una selfie con una fan que lleva una camiseta de Conan el Bárbaro.

El negocio del múscolatino: 50 mil dólares por publicar una pastilla de proteína
Baena sabe que el fisicoculturismo no da para comer si no conviertes los abdominales en anuncios. Su cuenta de Instagram ya roza el medio millón de seguidores y cada post patrocinado le ingresa entre 15 000 y 50 000 dólares, según la marca. La fórmula es simple: una historia entrenando, un código de descuento y la promesa de que «tú también puedes lucir así». El mercado de suplementos para latinos en Estados Unidos mueve 2 400 millones anuales y las marcas pelean por el rostro moreno que habla español y tiene el ADN de un icono.
Pero hay una trampa: el NPC Natural es solo el primer escalón. Para llegar a los míticos Mr. Olympia hay que pasar por competencias profesionales donde el nivel de química se dispara. «Si quiere seguir ganando, pronto tendrá que elegir entre el negocio y la sangre», advierte un ex competidor que ahora vende ciclos de esteroides en el estacionamiento del mismo gimnasio. Baena lo niega: «Mi padre ganó sin trampas en los 70 y yo tengo su libro de rutinas subrayado».
El próximo capítulo: hollywood o la vitrina
La semana próima Baena vuela a Rumanía para rodar Gunner, una cinta de acción directa a streaming donde interpreta a un marine que salva a su familia de unos traficantes. El productor exige que mantenga el 8 % de grasa corporal durante seis semanas de rodaje. La solución: llevar un kettlebell de 24 kg en la maleta y pagarle al cocinista del set para que le prepare pechuga a la plancha a las 3:00 a.m., entre toma y toma.
Mientras tanto, Schwarzenegger padre sigue sin confirmar si asistirá al Olympia de este año como espectador. «Me dijo que no falte al entrenamiento del viernes, pero no me dijo si me verá sobre el escenario», cuenta Baena. La respuesta puede estar en un dato que nadie menciona: el primer premio del NPC Natural suma 2 000 dólares en metálico y un contrato de patrocinio de 25 000. Dinero que Joseph donará a la escuela de natación de Bakersfield donde aprendió a respirar bajo el agua y a soñar fuera del agua.
La historia no necesita un ganador definitivo. Solo un muchacho que decidió cambiar el apellido de vergüenza por apellido de medalla. Y, de paso, demostrar que el hierro, como el odio, se puede forjar en algo útil si se martilla lo suficiente.