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Joseph baena despunta en el fisicoculturismo y empuja su propia sombra

Joseph Baena ya no es solo el hijo bastardo de Arnold Schwarzenegger. El sábado en Denver arrancó la competición, dobló el brazo al pasado y colgó tres oros y una plata que suenan a patada de 180 kg: la suya, no la de papá.

Un apellido que pesa, pero no lo frena

El NPC Natural Colorado State fue su primera gran noche. Subió al escenario, miró al juez y levantó un trofeo en Men’s Open Heavy Weight, otro en Classic Physique True Novice y un tercero en Classic Physique Novice. Plata en Open Class C. A los 28 años, con 1,86 m y 102 kg de músculo, dobló el puño y escribió en Instagram: «Misión cumplida». Nada de cursilería; la frase huele a cloro y hierro como el Gold’s Gym de Venice donde entrena con el viejo cuando el ex Gobernador se acuerda de que también fue Mr. Olympia.

Baena sabe que la prensa no busca sus repeticiones, busca el eco. Por eso prefiere el silencio antes que pedirle un contacto a Arnold. «No le he pedido ni un solo favor. ¿Qué honor me traería eso?», soltó al podcast Unwaxed. Su padre, que cumplió 78 años en julio, le regaló en la adolescencia la Encyclopedia of Modern Bodybuilding y desde entonces el muchacho reparte dolor en seis sesiones semanales. En el documental de Netflix, Schwarzenegger se quitó la máscara: «Hice algo incorrecto, pero Joseph es bienvenido en este mundo y lo amo». La frase sonó a sentencia y a absolución al mismo tiempo.

De la servidumbre a la sala de pesas

De la servidumbre a la sala de pesas

Joseph nació el 2 de octubre de 1997 en un dormitorio de servicio de la mansión familiar de Brentwood. Su madre, Mildred Baena, fue empleada doméstica durante dos décadas. La noticia explotó en 2011; el escándalo costó la separación de Arnold y Maria Shriver. Trece años después, el chico que entonces cursaba octavo grado ha convertido aquella vergüenza en halterofilia. Lleva el apellido de su madre y no piensa cambiarlo: «Ya tengo un nombre. Estoy logrando mis metas».

Se licenció en Negocios en Pepperdine University y fichó por el mundo inmobiliario: su primera venta en Santa Mónica cerró en 2022. Pero el escenario le tira. Participó en Dancing with the Stars y rodó Bully High; ahora comparte cartel con Morgan Freeman en Gunner. El gimnasio, sin embargo, sigue siendo su termómetro. Allí mide 39 cm de bíceps y 7% de grasa; fuera, medía la distancia entre él y un padre que ya no puede levantar 200 kg pero sigue siendo un gigante.

El sábado, cuando el juez alzó su brazo, Joseph no miró al cielo ni buscó la aprobación de Arnold. Se limitó a sonreír, sudor empapando la piel bronceada. Por primera vez, la sombra del ex Mr. Olympia quedó detrás del trofeo. Y eso, en el mundo del hierro, es ganar mucho más que una medalla.