Nito mestre desembarca en ee.uu. con el adiós que sui generis nunca pudo repetir
El 5 de septiembre de 1975, 25.000 personas vitorearon en el Luna Park el cierre de Sui Generis. El 9 y 10 de abril, Nito Mestre revivirá esa noche en Washington y Nueva York con la misma voz que entonces tenía 24 años y ahora, a 75, sigue intacta. Es su farewell tour estadounidense: dos funciones para una diáspora que creció tarareando Canción para mi muerte mientras armaba la valija.
El repertorio que no se atrevió a morir
Mestre no viene solo. Trae a Los Corners, banda tributo a Charly García, y la misma guitarra que rasgueó Rasguña las piedras cuando la dictadura contaba los aplausos. El setlist cruza los clásicos de Sui Generis con la obra solista que editó entre exilios y reapariciones. En el Queen’s Theatre in the Park —un escenario que acostumbra a Broadway— sonarán Confesiones de invierno y Seminare, piezas que la censura nunca logró desflecuar.
La ironía es dura: mientras Mestre se despide, graba en Miami material inédito con Los Desconocidos de Siempre, la banda que abandonó en los ochenta. Está en el Realm 26 Studio de Fort Lauderdale, entre consolas analógicas y un piano que según él «sabe más de despedidas que cualquier ser humano». Producción propia y de Eduardo Cautiño. Nueva vida para viejos demonios.

La nostalgia que cobra entrada
La comunidad argentina en EE.UU. compra entradas como quien reserva un pasaje de vuelta: sin certeza de retorno. Las localidades para el State Theatre de Washington volaron en 48 horas. El promotor confiesa que no esperaba tanta velocidad: «Pensábam0s en paisanos de 60 años, pero aparecen pibes de 25 que aprendieron Botas locas de sus viejos». La cifra habla por sí sola: el 40 % del público tiene menos de 35 años.
Mestre lo sabe. Por eso no llama a esto «gira de despedida», prefiere «gira de traslado». Dice que la nostalgia es un negocio para los que se quedan. «Yo me llevo las canciones, no las entierro», murmura antes de ensayar Juan Represión con Los Corners. Afuera, el estudio da al río New River; adentro, el piano sigue igual que en 1975, solo que ahora graba en HD.
Cuando baje el telón en Nueva York, Mestre volverá a Miami a terminar el disco. No hay lágrimas programadas. Solo un tipo que entiende que cerrar un capítulo no es sinónimo de fin: es la forma que tiene la memoria de cobrar nueva vida. Y, esta vez, la despedida se queda en la maleta del que se va, no en la garganta del que se queda.